Asalto a Culiacán / En opinión de José Gil Olmos

Redacción MXPolítico.-La mañana del 17 de octubre una humareda comenzó a cubrir la ciudad de Culiacán. La gente se extrañó al ver esas serpientes de humo negro que subían al cielo y cuando apenas empezaban a ver de qué se trataba los pasmaron ráfagas sonoras de rifles de asalto por doquier. Pronto sabrían que el crimen organizado había tomado la capital para rescatar de las manos del ejército a uno de los vástagos del Chapo, que lleva el nombre del poeta Ovidio pero que está muy lejos de recoger los relatos del mundo griego.

Con una estrategia militar perfecta, corrillos de hombres armados se movieron como grupos guerrilleros urbanos, tomaron calles y avenidas, bloquearon con camiones incendiados las salidas y entradas de la ciudad, así como el aeropuerto. Tomaron por asalto el penal dejando libres a decenas de hombres para distraer la atención de las autoridades, mientras que otros grupos se dirigieron a la unidad habitacional donde viven las familias de los militares para tomarlas como rehenes.
En menos de una hora, las huestes del Cártel de Sinaloa, habían tomado la ciudad para presionar al ejército y la Guarda Nacional a liberar a su jefe, Ovidio Guzmán, a quien pretendían llevar a Estados Unidos donde tiene varios cargos vinculados con el trafico de drogas.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador había presentado cuatro días antes el Plan Nacional de Seguridad con la idea principal de poner un punto y aparte a la estrategia militar y policiaca implementada por los dos gobiernos anteriores. “Abrazos, no balazos” era la idea que permeaba la estrategia presidencial la cual plantea que dando becas y empleo a los jóvenes los puede alejar de las tentaciones del crimen organizado.

Casi de inmediato en las redes sociales comenzaron a circular fotos y videos de los hombres armados a bordo de autos y camionetas bloqueando las calles y enfrentando a policías y soldados. Antes que cualquier reportero, fotógrafo o camarógrafo de los medios locales, la gente subió a internet los videos donde aparecían los civiles con armas de alto poder con aires de haberse apoderado de la ciudad.

El impacto de los videos con las imágenes y el sonido de las armas de alto poder tronando con potencia, de los camiones incendiados, gente corriendo y escondiéndose donde podían, niños gritando y negocios cerrando sus puertas, se propalaron como fuego por todo el país y el extranjero.

Nunca antes un grupo del crimen organizado había tomado por asalto ciudad de más de cien mil habitantes.

El gobierno federal estaba pasmado sin saber cómo reaccionar. No hubo ninguna estrategia de comunicación para explicar lo que estaba ocurriendo. Desde Oaxaca, López Obrador no salía de su incredulidad y caminando por los pasillos del aeropuerto, con la mandíbula rígida al hablar, solo balbuceó que había que esperar a tener el reporte de las autoridades responsables.

En las redes sociales, antes que en cualquier medio de comunicación local, la gente se enteró de que el crimen organizado había tomado en sus manos la ciudad para liberar a uno de sus jefes. La imagen de un hombre pecho tierra disparando un rifle de asalto Barret con proyectiles de calibre 50, las de otros hombres pertrechados en camiones civiles y hasta el ejército, así como de fotos panorámicas de la ciudad con humaredas en distintos puntos, dieron la vuelta al mundo mostrando el poder del Cártel de Sinaloa.

Era evidente el fracaso del gobierno de López Obrador. La realidad se imponía ante el secretario de seguridad, Alfonso Durazo, que hasta entonces se ufanaba que todo marchaba como lo planeaban.

En Culiacán se mostraban las deficiencias del plan de seguridad y la falta de planeación en una faena de amplia envergadura como la captura de uno de los hijos del Chapo. Igualmente se exponía el poder del cartel de Sinaloa que enseñaba a otros grupos el camino y la forma de doblegar a las fuerzas del Estado. También a una sociedad que con el tiempo se acostumbró a la aparente tranquilidad que les dio el dominio de un solo grupo y que el jueves 17 expuso su faceta más salvaje y brutal.

Por cierto… Comienza a circular la información de que no sólo Ovidio había sido capturado sino también Archibaldo Guzmán en el operativo fallido del jueves 17. De ser así, es peor el fracaso del operativo y más los errores de no haber previsto el poder del Cártel de Sinaloa.

Autor: José Gil Olmos 


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