Cofece antimonopólica vs. bancos / En opinión de Mauro González Luna

Redacción MXPolítico.- En días pasados se informó que la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) había emplazado a un procedimiento en forma de juicio, a algunos bancos. Bancos considerados por la autoridad como probables responsables de cometer prácticas monopólicas en el mercado de intermediación de valores de deuda pública mexicana.

Por la trascendencia de dicho emplazamiento, Frido Kyan Aliotti entabla un diálogo imaginario con Hilaire Belloc, poderoso pensador anglofrancés. Escudero del genio de G. K. Chesterton, el arquitecto de la certeza en un mundo en que se duda de todo, “hasta de la tabla de multiplicar”. Ambos, defensores del pensamiento social católico durante los primeros lustros del Siglo XX, dejando una herencia intelectual de inusitada actualidad.  Los dos, críticos implacables de la usura y del monopolio capitalista desenfrenado, de la concentración de la propiedad y la riqueza en pocas manos. En seguida se reproduce el diálogo.
Frido: Bienvenido a México Hilaire Belloc. Debe saber que he leído la mayoría de sus libros; todos aleccionadores, preñados de ingenio y sentido común. Usted es un exponente lúcido de la doctrina económica llamada distributismo.  Tesis social que sirve de antídoto a las injusticias del comunismo y del capitalismo que lo fecundó.

Leí hace poco un prólogo suyo a un libro de ensayos de Chesterton. En dicho prólogo señala usted que, con el advenimiento de la Reforma Protestante, surgió el capitalismo liberal. Y con él la usura y los monopolios -que como peces grandes acaban comiéndose a los medianos y pequeños. Y con ese capitalismo desenfrenado, sobrevino el dominio de la industria y de todo por parte de la banca, del imperialismo financiero.

Belloc: Gracias Frido por la bienvenida. Te comento que en nuestra época reconocimos que el monopolismo capitalista había significado la “ruina de la independencia económica en la masa ciudadana”. Había sujetado a las grandes mayorías al dominio de un grupo limitado. Grupo controlador de “los medios de subsistencia y en consecuencia de la vida misma”. Y como reacción, sobrevino el comunismo que aniquiló la propiedad en lugar de multiplicarla, resultando el remedio peor que la enfermedad al eliminar el presupuesto indispensable de las libertades.

Frido: ¡Qué iluminadoras palabras! Pero, antes de que abordemos el tema concreto de las presuntas conductas monopólicas de bancos en México, hábleme un poco de esa doctrina económica del distributismo. Doctrina solidaria inspirada en la encíclica Rerun Novarum de León XIII. Pensamiento esperanzador que sacudió la conciencia social de los católicos.

Belloc: Con gusto te hablo del propósito esencial de tal doctrina. Mira, el distributismo tiene como meta: “la propiedad familiar de tierra, talleres, tiendas, transportes, comercios, profesiones, y así más. Propiedad familiar: un medio de producción tan ampliamente distribuido como para ser la marca de la vida económica de la comunidad; ese es el deseo de la distribución. Es también el deseo del mundo”.

Es una doctrina cooperativista, favorecedora de las libertades de la familia en contraste dramático con el desenfreno de las luchas descarnadas por el lucro. En contraste con la semiesclavitud de lo que ahora en tiempos neoliberales llaman “outsourcing”. Instrumentos esos depredadores que imposibilitan el anhelo liberador de la propiedad familiar.

Frido: Efectivamente, en lugar de un universo de propietarios, hay ahora uno de desposeídos y deudores. Deudores, tanto personas físicas como colectivas incluyendo países súbditos del voraz e improductivo financierismo mundial. Financierismo que acaba socavando el porvenir de las naciones deudoras como bien dice mi maestro Mangabeira Unger. En la actualidad por otro lado, cientos de millones en el mundo carecen de esa propiedad familiar y dependen, cuando cuentan con empleo, de un salario precario, de mera sobrevivencia.

Bueno, ahora déjeme Hilaire, ir al tema que motivó la invitación a dialogar sobre temas de monopolios en México. Hace unos días la autoridad mexicana encargada de investigar prácticas monopólicas, emplazó a un procedimiento administrativo a ciertos bancos. Procedimiento ese cuyo fin es ventilar la probable responsabilidad de bancos por la realización presunta de prácticas monopólicas absolutas en detrimento de la libre y razonable concurrencia. Le ruego hablar de ello.

Belloc: Con gusto. A raíz de tu amable invitación Frido, me puse al día y leí en la prensa que, en su dictamen de probable responsabilidad, la COFECE señala que “tuvo conocimiento de hechos que posiblemente pudieran actualizar la comisión de prácticas monopólicas absolutas…”.

Frido: ¿Podría explicarme qué son las prácticas monopólicas absolutas?

Belloc: Claro, advirtiendo que en el mundo actual donde la doctrina comentada del distributismo es un deseo irrealizado, lo indispensable es ponerle frenos al capitalismo para evitar usura y monopolios. Las prácticas monopólicas absolutas también son conocidas como cárteles económicos o acuerdos de colusión en mercados de bienes o servicios muy concentrados. Prácticas esas que atentan contra una competencia razonable -en ausencia del ideal cooperativista por el que luché en mi tiempo-.

En concreto, tales prácticas son acuerdos que celebran agentes económicos, empresas, bancos que compiten entre sí en un mercado relevante. Acuerdos con finalidades monopólicas. En este caso el mercado relevante según parece, es el de la intermediación de valores de deuda pública mexicana.

Y dichos acuerdos Frido, son cada vez más sofisticados con el fin de eludir el ojo vigilante de la Cofece.

Frido: Y ¿con qué propósitos específicos se celebran dichos acuerdos entre competidores?

Belloc: Entre otros fines, para manipular el precio de venta o compra de bienes o servicios. Y también en ocasiones, para restringir la oferta de los mismos, distorsionando los precios.

Frido: Ah, ya estoy entendiendo. Por ello, la Cofece mencionó en su dictamen de probable responsabilidad de los bancos emplazados, que se trata de presuntos “arreglos con el objeto o efecto de manipular el precio de los valores de deuda o establecer obligaciones para no comercializar o adquirir una parte de ellos”.

Belloc: Has entendido bien. La competencia que se sujeta a límites de bien común, es benéfica a falta de cooperativismo. Por esa razón es defendida por la COFECE. Hay una condición clave para que funcione la competencia razonable. Esa condición consiste en que los precios de los bienes o servicios que se ofrecen, sean determinados de forma independiente por los competidores. De esa manera, los consumidores “premian” a la empresa más eficiente que ofrece la mejor opción en cuanto a precio y calidad del bien o servicio.

En el caso específico del que estamos hablando, lo que está por corroborar la Cofece, a través del procedimiento citado, es si efectivamente hubo acuerdos para manipular el precio de la deuda soberana de México por parte de algunos bancos. Y si se restringió por parte de ellos la oferta y demanda de los valores de tal deuda.

Frido: Entonces el fondo de la cuestión es grave porque presumiblemente afecta la economía del país en su conjunto. En este contexto, ¡qué papel tan importante juega la COFECE! Especialmente en estos tiempos de dominación financierista y plutocrática en que la política establece, en forma selectiva, ¡vínculos estrechos con potentados económicos!

Belloc: Definitivamente un papel esencial para mitigar las tendencias monopolistas del capitalismo desenfrenado -y ahora más que nunca en su insaciable versión neoliberal-. Es importante señalar que la Cofece es un órgano con autonomía constitucional, conforme a derecho mexicano. Ello garantiza su actuación imparcial. Es decir, Cofece es una expresión institucional del pluralismo que debe prevalecer en toda república. Representa a uno de los cuerpos intermedios de toda democracia genuina, dispersora del poder.

Los cuerpos intermedios garantizan la descentralización del poder. Y su intervención -de Cofece- pone límites justos a la actividad lucrativa de las empresas cuando se salen del guacal en perjuicio de la ciudadanía. Las empresas deben cumplir una función social en beneficio, no solamente de ellas, sino del pueblo todo. Y con más razón los bancos.

Frido: Pero por regla no se cumple esa función social, esa solidaridad.

Belloc: Así es, y por eso la tarea antimonopólica de la Cofece resulta fundamental para la salud económica de tu país y su pueblo. Más aún cuando la legislación antimonopólica y su aplicación carecen en general, de los debidos rigores como los que se dan en otros países. Pero ese emplazamiento a los bancos por parte de Cofece es alentador. Y su autonomía constitucional debe mantenerse incólume como baluarte técnico de libertades, de pluralismo republicano, limitador del poder.

Frido: Y los bancos emplazados ¿pueden desvirtuar la presunción de responsabilidad que les atribuye la autoridad después de una investigación prevista en la ley?

Belloc: Sí, mediante pruebas y alegatos que, en su caso, echen abajo la presunción de responsabilidad.

Frido: En el supuesto de que llegara a confirmarse la presunción de responsabilidad, ¿qué ocurriría?

Belloc: La autoridad antimonopólica impondría sanciones severas de diferente índole en aras del bien común.

Frido: Hilaire Belloc, muchas gracias por todo. Le ruego trasmitir mi admiración y afecto a su colega G. K. Chesterton por esas sus paradojas iluminadoras. Verdaderos relámpagos de luz filosófica e histórica mediante su genial “yuxtaposición inesperada de palabras, ideas, imágenes”. Por poner en la basura tantas tonterías de ideologías destructoras de la razón, del sentido común aristotélico-tomista. “Tonterías destinadas a perdurar”, de no ser por él y por usted, entre otros grandes del pensamiento social católico como John Henry Newman, canonizado el domingo pasado. Hasta la próxima. Fin del diálogo.

A la memoria de un coloso de la filosofía y teología, de la misión formativa de las universidades, de la lucha por la verdad en Oxford, el sabio, el converso inglés de entrañable memoria, John Henry Newman, santo.


Autor: Mauro González Luna 

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