Las influencias coloridas del jefe Bob Dylan / En opinión de Roberto Ponce


Redacción MXPolítico.- El 10 de mayo próximo, el Gilcrease Museum de la ciudad estadunidense de Tulsa, Oklahoma, abrirá la exposición Bob Dylan: Face Value and Beyond con una docena de pinturas al pastel de los Archivos Bob Dylan, los cuales cuentan con más de 100 mil obras realizadas en seis décadas de la trayectoria del cantautor.

Será la primera gran muestra de dichos archivos desde que fue adquirida por la George Kaiser Family Foundation y la Universidad de Tulsa en 2016 (ver http://www.bobdylanart.com).

Los pasteles destacados muestran la capacidad multifacética de Bob Dylan, según señaló el curador de la exhibición Michael Chaiken:

“Se le conoce más por sus canciones, pero Dylan también escribe prosa, ha dirigido películas, y es alguien quien se ha involucrado en las artes visuales durante décadas. Esta muestra es una oportunidad para explorar todas aquellas sendas creativas de Dylan.”

Dichas obras fueron expuestas por primera vez en Londres, Inglaterra, hacia 2013. La única ocasión cuando el público estadunidense pudo verlas sucedió en Ohio, a lo largo de dos meses en 2016; pero a diferencia de las veces anteriores, el museo Gilcrease ofrecerá un contexto mucho más amplio a los cuadros de Dylan, dijo Chaiken.

“Acá vamos a poder desplegar los antecedentes de aquellas obras. Bob Dylan ha estado dibujando y pintando desde los años sesenta, pero no es sino hasta recientemente cuando se han montado exposiciones con sus trabajos. Por lo tanto, poseemos un material bastante amplio para poder esclarecer las piezas, incluyendo dibujos y trazos que no se habían mostrado con anterioridad.”

Bob Dylan: Face Value and Beyond (que equivale en castellano a “El valor del rostro y más allá”) incluirá asimismo letras de canciones escritas de su puño y letra, una chamarra de cuero negra, y películas de Andy Warhol.

Hasta donde la memoria nos llega, tal fascinación de Dylan por las artes plásticas se dio a conocer en dos portadas de discos LP, la primera del importante álbum debut de The Band, Music From Big Pink (Música de la Casa Rosa, 1968), tela original que se subastó en 18 millones de dólares en 2010, y la segunda con el acrílico del disco doble del propio Dylan, Self Portait (Autorretrato, 1970), tan denostado por Greil Marcus de Rolling Stone que comenzaba criticando así:

“¿Qué es toda esta mierda?”

Algunos dibujos suyos acompañaron los libros con las letras de sus álbumes en los años setenta, aunque dichos trazos parecían ir más en estilo a fin con las grotescas caricaturas de John Lennon en In His Own Write y A Spaniard the Works (1965). Con uno así ilustró la portada Planet Waves, grabado por Bob Dylan con The Band (Olas planetarias, 1974).

Cuenta Dylan en su biografía Crónicas 1 (Malpaso, traducción de Miquel Izquierdo, 2017), que durante los años cuando vivía en Woodstock, creando música con los canadienses de The Band (y Levon Helm, baterista de Arkansas, Estados Unidos), él comenzó a disfrutar pintando paisajes. Su novia neoyorquina Suze Rotolo (1943-2011) fue quien de algún modo influyó en su afición por los pinceles, al punto de que hoy se nota la marca de Red Grooms (Nashville, 1937) en Dylan. Leemos en la página 258 del capítulo final Río de hielo, en torno a los años de Nueva York:

“Cada vez pasaba más tiempo con Suze, y empecé a ampliar mis horizontes, a interesarme por su mundo, sobre todo por el circuito de Off-Broadway…

“Un nuevo panorama artístico se abría ante mí. A veces, temprano por la mañana, nos íbamos a la parte alta a visitar los museos para contemplar los gigantescos lienzos al óleo de Velázquez, Goya, Delacroix, Rubens, El Greco. También admirábamos cuadros del siglo XX: Picasso, Braque, Kandinsky, Rouault, Bonnard.

“El artista contemporáneo de Suze era Red Grooms, y acabó siendo el mío también. Me encantaba el modo en que todo lo que hacía se contraía para configurar un mundo frágil, lleno de elementos abigarrados que, vistos desde cierta distancia, componían un conjunto definido. Las pinturas de Groom me inspiraban enormemente. Seguía sus progresos más que los de ningún otro artista. Su obra me parecía extravagante, como realizada bajo los efectos del ácido lisérgico. Me gustaba cómo conjugaba todas sus técnicas (lápices de colores, acuarela, gouache, escultura, técnica mixta, collage). Su estilo era audaz, se manifestaba en detalles intensos. Había una conexión entre el trabajo de Red y muchas de las canciones que yo interpretaba. Me daba la impresión de que estábamos en el mismo escenario. Lo que expresaban las letras de las canciones folk, lo sugerían visualmente las obras de Red; todos los vagabundos y polis, el ajetreo frenético, los callejones claustrofóbicos, toda aquella actividad frenética.

 

“Red era el (tañedor de banjo) tío Dave Macon (Uncle Dave Macon, octubre 7 de 1870-22 de marzo de 1952) del mundo del arte. Incorporaba todas las cosas vivas a su obra para hacerlas gritar –todas lado a lado, creadas por una mano igualitaria--, cosas como viejas zapatillas de tenis, máquinas expendedoras, caimanes que reptaban por el alcantarillado, pistolas de duelistas, el perfil de los rascacielos. Toros sagrados, vaqueras, reinas de los rodeos y Mickey Mouse cabezones, torreones y la vaca de la señora O’Leary (acusada de comenzar el incendio de Chicago en 1871), tipos raros, jóvenes achulados, todos sonriendo, modelos desnudas enjoyadas, rostros con expresión melancólica, imágenes desdibujadas de tristeza. Todo resultaba hilarante, pero no exactamente gracioso.

“También aparecían figuras históricas (Lincoln, Baudelaire, Rembrandt), trazadas con gráfica exquisitez, sumamente sugestivas y evocadoras. Me encantaba el modo en que Groom recurría a la risa como arma diabólica. De modo inconsciente, me preguntaba su era posible escribir canciones de ese modo.

“Por entonces, yo mismo empecé a dibujar. De hecho, es una costumbre que copié de Suze, que era muy aficionada al dibujo. ¿Qué dibujaba yo? Pues empezaba por lo que tenía más a mano. Me sentaba a la mesa, agarraba lápiz y papel y bosquejeaba la máquina de escribir, un crucifijo, una rosa, lápices y cuchillos y chinchetas, paquetes de tabaco vacíos. A veces transcurrían una hora o dos y se me figuraba un minuto. No es que me considerara un gran dibujante, pero sentía que ponía un poco de orden en el caos circunstante; algo similar a lo que hacía Red, aunque a otro nivel. Curiosamente, notaba que esta práctica purificaba la experiencia visual, de modo que seguí dibujando los años venideros.”

Suze Rotolo y Bob Dylan, ambos de sangre judía, aparecen fotografiados en la portada del segundo álbum grabado por el compositor, pintor y escultor, The Freewheelin' Bob Dylan (1961).

Autor Roberto Ponce

 

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