A Propósito del Día de la Raza/ En opinión de Rafael Silvestre Villegas Revueltas

Redeacción MXPolítico.- El “antiguo” calendario cívico oficial ha marcado el 12 de octubre como el Día de la Raza, en esta fecha se rememoraba la jornada en que Cristóbal Colón descubrió América, al tomar posesión para la Corona de Castilla de una isla perteneciente el día de hoy al filo/inglés archipiélago de las Bahamas.  Hacia principios del siglo XX, los diversos países hispanoamericanos, los Estados Unidos y las antiguas colonias británicas en América nombraron de diversas formas la efeméride histórica: Día de Colón, Día de la Hispanidad, de la Raza, del Panamericanismo y Fiesta Nacional de España que coincide con la festividad de la Virgen del Pilar. En tiempos más recientes, en el Ecuador, Bolivia, Chile, República Dominicana, etcétera, la fecha cívica se volcó a enfatizar el multiculturalismo como eje de la celebración. ¿Encuentro de dos mundos? Posiblemente.

 

No cabe duda que el descubrimiento e inmediatamente después colonización de tierras y pueblos enteros a lo largo del Continente Americano, perfiló y luego delineó un matiz socio/cultural muy preciso que, en su diversidad y dilatada geografía distingue a las sociedades americanas de las otras existentes en el globo terráqueo. “Encuentro”, “sumisión”, “colonización”, “mestizaje”, y otros tantos términos usados por los estudiosos del mosaico americano, rebelan procesos y realidades que conviven o son específicas de un determinado virreinato, capitanía general, provincias internas y luego países que se independizaron de España en la segunda década del siglo XIX.

 

Tales entidades han bregado durante doscientos años por constituir naciones, nacionalidades y estados soberanos. En la coyuntura de principios del siglo XXI, y a semejanza de lo que sucedía al iniciarse la centuria de 1700, existen elementos internos y situaciones externas que condicionan debates académicos, legislaciones nacionales y posturas internacionales, resultado éstas de un mundo muy interconectado. No cabe duda que, primero, los llamados pueblos originarios y luego, los llamados indígenas que descienden de aquellos pueblos que eran verdaderamente naciones, han soportado la peor parte en los últimos quinientos años: ya no es un asunto de un lapso histórico o política presidencial.

 

Me preguntaban hace poco y para el caso mexicano: ¿tendrían algo que celebrar el 12 de octubre los pueblos yaqui, maya, otomí y zapoteco entre otros, que actualmente y por los derechos que plantea la Constitución de 1917 son ciudadanos de los Estados Unidos Mexicanos? Inicialmente la respuesta es una negativa rotunda porque el mundo contemporáneo sabe del holocausto nazi contra los judíos, pero no se habla tanto de las decenas de millones de indios que a nivel continental perecieron a lo largo del siglo XVI. Luego, aunque  de acuerdo a la legislación española a los indios se les sacó de la esclavitud, la realidad cotidiana los mantuvo por otros doscientos años como súbditos de segunda clase y en minoría de edad; sin embargo, y otra vez a nivel continental, fueron los criollos/mestizos que a través de sus gobiernos, sus leyes y hábitos familiares, empeoraron durante los tiempos republicanos la condición de las comunidades indígenas como bien lo historiaron una pléyade de académicos, algunos funcionarios gubernamentales y literatos como Mario Vargas Llosa en su libro “Los Sueños del Celta”, o más recientemente Arturo Reséndes en su obra “La Otra Esclavitud. Historia Oculta del Esclavismo Indígena” que este jueves se presentará en el Instituto de Investigaciones Históricas de  la UNAM. La situación antes descrita provocó que en algunos países muy concretos como México inicialmente y muy posteriormente en Perú, Ecuador, Chile, Guatemala, Paraguay, etcétera, se implementaran políticas de mejoramiento de las condiciones en que han vivido las comunidades indígenas. El México mestizo es el ejemplo más exitoso de integración social, aunque ello no ha eliminado la pobreza y marginación de muchas comunidades indígenas. Los críticos del mestizaje lo han denostado porque no igualó a mestizos e indígenas, pero sobre todo y es una postura actual, porque el mestizaje tiende a diluir los elementos propios de cada comunidad: lenguaje, religiosidad popular, costumbres y gobierno. Por otro lado, los críticos del indigenismo a ultranza subrayan que, mientras las comunidades indígenas permanezcan en el monolingüismo seguirán siendo una población marginada; que las costumbres y formas de gobierno de los pueblos indios se materializan en políticas antigénero, antidemocráticas y premodernas. En los años de 1930 José Vasconcelos, ya un tanto alejado de la raza cósmica y desilusionado del borreguismo del pueblo mexicano señalaba que, la influencia del mundo indígena en México era tan poderosa que parecía ser como “una espesa neblina que todo lo envuelve”; y hace un año, los mexicanos pudimos apreciar el más despreciable racismo cuando desde la redes sociales se montó una campaña que, con todos los calificativos, denostó a la profesora/actriz Yalitzia Aparicio y su papel de servicio doméstico en la película Roma. Nosotros señalamos a los gringos de ser racistas pero los mexicanos no nos quedamos atrás o tan atrás. Para terminar, cuando en tiempos de Fox se modificó el artículo constitucional sobre quién era y qué derechos tenía el ciudadano mexicano, se eliminó el espíritu liberal que eliminaba razas y el día de hoy hace una distinción entre los ciudadanos que podríamos llamarlos mestizos y un conglomerado de otros ciudadanos que son los pueblos indios; reforma que nos retrotrae a una especie de sueño donde vuelve a regir el espíritu de la legislación de la Indias Españolas.

Autor: Silvestre Villegas Revueltas

 

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