¿Por qué es importante conocer la salud de los presidenciales?

Transparentar o hacer público el estado de salud de los candidatos a la Presidencia no está contemplado en las leyes electorales ni en la Constitución

Por Vanessa Solis

Ciudad de México.-  El estado de la salud no es algo que a los políticos les guste discutir en público, y  parece ser que a los electores tampoco nos ha importado mucho la salud de los candidatos presidenciales.

En las últimas semanas, comenzaron a circular en redes sociales  noticias y videos donde mostraron a un López Obrador desvaneciéndose de pronto y hablando más pausado que de costumbre, lo que generó dudas sobre su salud. 

Sin embargo el candidato presidencial dijo "estoy muy bien de salud, hasta me puedo parar en un solo pie. Gracias a la ciencia y al creador, estoy al 100". 

Líderes, políticos y ciudadanos han pedido no sólo que se haga público si padecen de alguna enfermedad que los incapacite para ejercer su mandatado sino también que organizaciones reconocidas les practiquen exámenes para conocer el nivel de su salud mental.

Incluso los coordinadores parlamentarios de los partidos opositores Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) llamaron a equipos de campaña a hacer público un diagnóstico preciso y real del estado de salud y mental de los cuatro candidatos.

El video al que se hace referencia es de 2009, pero López Obrador sufrió en 2013 un infarto al miocardio.

En diciembre de 2017, el entonces precandidato oficialista, José Antonio Meade propuso que todos los candidatos se hicieran exámenes médicos y toxicológicos, pero nadie aceptó su propuesta y ni siquiera él ha dado a conocer si se practicó las pruebas.

Cuando se registraron formalmente como contendientes, una solicitud a los partidos políticos a través de los mecanismos de transparencia reveló que realmente ninguno sabía si sus candidatos tenían algún problema de salud.

Antecedentes 

Desde que asumió el cargo, el presidente Enrique Peña Nieto lleva dos intervenciones quirúrgicas: en julio de 2013 le extrajeron un nódulo tiroideo y también en julio, pero de 2015, le extirparon la vesícula biliar.

No fueron operaciones altamente peligrosas, sin embargo, no deja de ser un tema preocupante. Se debería exigir que los candidatos a las elecciones presidenciales comprueben un buen estado de salud.

Ocultar una enfermedad puede llevar a situaciones como las que se vivieron en Rusia, cuando Boris Yeltsin consiguió con éxito un segundo mandato. Controló a la prensa para ocultar que tenía cáncer. Yeltsin, también afecto al alcohol, tuvo momentos difíciles por su comportamiento como jefe de Estado.

Por ejemplo, durante una visita a Suecia, en 1997, tomó una copa de champaña que le ocasionó un efecto secundario: lo llevó a comparar la cara del tenista Björn Borg con albóndigas. Por salud, Yeltsin tuvo que renunciar y dejó el cargo en manos de su primer ministro, Vladimir Putin, por quien no habían votado los rusos.

En Estados Unidos el tema del estado de salud de los candidatos es de suma importancia. Desde 2011 los candidatos a la Presidencia son objeto de una nueva política de transparencia sobre “asuntos de salud presidencial”, que hasta 2008 eran protegidos como datos personales que no tenían que divulgarse.

Otro ejemplo ocurrió con el senador Paul Tsongas, quien tenía un secreto cuando se postuló en las elecciones primarias de 1992: su linfoma no-Hodgkin (cáncer que se origina en los glóbulos blancos llamados linfocitos que forman parte del sistema inmunitario del cuerpo), había vuelto a crecer a pesar de habérsele realizado un trasplante de médula ósea, y sus doctores decían que el candidato no tenía cáncer.

Si los votantes lo hubieran elegido en vez de Bill Clinton, Tsongas hubiera tenido que soportar incapacitantes tratamientos o fallecer durante su mandato, lo cual hubiera sido un desastre para las políticas públicas estadounidenses. Tsongas murió en 1997 a los 55 años.

En Venezuela el presidente Hugo Chávez  murió de cáncer en 2013 sin que los votantes estuvieran enterados del avance de su enfermedad; en Colombia Juan Manuel Santos, quien también presentó un cuadro de esta enfermedad, se vio obligado a hacer público su estado de salud para dar certidumbre en cuanto a su capacidad de gobernar; en Chile, Pablo Longueira, candidato oficialista a la presidencia, renunció a por padecer depresión.

Este tema no está lejos de México porque se refiere a la obligación política que tienen los aspirantes a un cargo de elección, de dar a conocer cuáles serían los riesgos de votar por ellos.

En 2012, el consejero del entonces Instituto Federal Electoral, Alfredo Figueroa, admitió que transparentar o hacer público el estado de salud de los candidatos presidenciales no estaba contemplado en las leyes electorales ni en la Constitución.

Quizá es el momento de legislar y hacer transparente cualquier problema relevante de la salud de los candidatos a la Presidencia en México.

vsv

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