8 de marzo: No hay nada que festejar / En la opinión de Omar Cortés

Por Omar Cortés

 

El valor de lo humano, es decir, la naturaleza que nos identifica como seres vivos pensantes, pertenecientes a la clase homosapiens, ha estado regido por las concepciones del ego, el poder y las riquezas, lo que ha impedido que se logre consolidar una cultura de valores basada en el respeto, la igualdad, la libertad, la tolerancia, la complementariedad, el compañerismo y la ayuda a los demás.

 

La lucha de poder y dominio hacia el otro u otros ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad. La pérdida o falta de sentido sobre la esencia de nuestra naturaleza como seres pensantes, con emociones y dotados de alma o espíritu, puede ser una de las causas de la deshumanización, que nos ha conducido al establecimiento de una tolerancia a la falta de equidad, la discriminación y la violencia generalizada.

 

En pleno siglo XXI la sociedad mundial no ha logrado superar los juicios hacia las personas por su condición económica, color de piel, religión, origen nacional o étnico, incluso por su idioma, a lo cual debemos adicionar la condición o elección de género. En este sentido, debemos impulsar todos los esfuerzos para romper las cadenas de la idea de la superioridad por origen racial, por condición social, por género o poder jerárquico, que se manifiesta en todo tipo de violencia hacia mujeres, niños y grupos vulnerables. Esta realidad hace evidente el delicado contexto en el cual se libra la batalla de la equidad de géneros.

 

En estricto sentido de entendimiento personal, aunque polémico, nuestra civilización no ha comprendido el significado de lo que representa ser un “ser humano”, que desde el ámbito biológico nos identifica por tener características que ningún otro ser vivo posee en este planeta, como estar conscientes del poder emocional, espiritual e intelectual que poseemos. Paradójicamente, ¿será acaso que nuestra mayor virtud representa también el origen de nuestra propia desventura?

 

La disimulada pero intencional voluntad que se ha construido socialmente para ejercer violencia sobre otros se sostiene bajo una serie de argumentos que tienen origen, cobijo y promoción en el poder y recaen en los brazos de la corrupción y la impunidad, con lo cual se realiza toda clase de atropellos a los derechos de las mujeres, infantes e incluso hombres, ya sea en el ámbito laboral, escolar, familiar, político o social. Existe pues una hipócrita concepción social de lo que debe ser aceptado o tolerado, a pesar de sus dañinas consecuencias, que al mismo tiempo deriva en una lamentable y patética posibilidad, y no obligatoriedad, de lo que puede o no ser denunciado, todo depende del caso, es decir, el contexto jerárquico o condición social en que sucedan los hechos, lo que lamentablemente casi nunca se traduce en impartición de justicia, que a su vez construye y arraiga la aborrecible cotidianidad y tolerancia hacia la violencia, discriminación o violación de derechos humanos de todas las personas, particularmente de mujeres y niños.

 

El valor de lo humano como principio de equidad es una reflexión a construir desde una perspectiva de justicia e igualdad de los principios para garantizar los derechos que todos los seres humanos poseen, con énfasis en los grupos vulnerables, para construir la voluntad de frenar la violencia y discriminación en la totalidad de los casos, y no únicamente desde la perspectiva de un género, es decir, otorgar y garantizar la atención requerida a cada grupo de acuerdo con su necesidad y circunstancia.

 

El valor originario y principio básico para la equidad entre las personas tiene que radicar en la conciencia del valor más elevado por el respeto a las diferencias biológicas, anatómicas, de la construcción de su identidad, incluso de su fe espiritual; tratándose de un espectro más amplio de lo que conforma la totalidad del “ser humano”. A partir de ello se deben sentar las bases para lograr igualdad de circunstancias, equidad y respeto a todas las personas en el mundo.

 

Lamentablemente este 8 de marzo, no hay nada que festejar, pues los feminicidios y las denuncias por violencia hacia las mujeres siguen en aumento. Mientras que exista una mujer delegada por su condición ya sea en el ámbito laboral, familiar, deportivo, educativo u otro, mientras que los casos de violencia, desapariciones y violaciones sigan en aumento, entonces la lucha tendrá que redoblar esfuerzos y todos debemos participar, pues debemos tener claro que los alcances de la construcción de la equidad de géneros es un esfuerzo que nos beneficia como sociedad en su conjunto, por tal motivo, todos debemos estar involucrados y pugnar por el respeto, acceso y garantía de todos los derechos humanos de las mujeres.

 

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Omar Cortés, realiza labores de Investigación en el CESOP de la Cámara de Diputados. Pasante de la licenciatura de relaciones internacionales, FCPyS, UNAM. Líneas de investigación: transparencia y rendición de cuentas, fenómenos sociopolíticos nacionales e internacionales. Correo electrónico: torrijos_@hotmail.com

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

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