Alimentación, salud y educación para las campañas/ En la opinión de Omar Cortés

Por Omar Cortés

 

Los candidatos a ocupar un cargo de elección popular deben tener el objetivo de trabajar por el mayor bienestar nacional, el cual se debe traducir en alcanzar mayores niveles de competitividad, potencializar el desarrollo económico, generar condiciones para la equidad social, para el combate a la corrupción, etc.

 

Para lograrlo, además de tener una estrategia económica, también deben generar garantías de respeto a los derechos sociales, con lo cual se pueda alcanzar una verdadera sostenibilidad y del desarrollo nacional, pero particularmente hacia los jóvenes y los grupos más vulnerables.

 

En México la educación, la alimentación y la salud son derechos consagrados en los artículos 3 y 4 Constitucional, por lo que su cumplimiento  debe ser garantizado por el Estado.

 

El Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, proyectaba hacer de México una sociedad en donde todos tuvieran acceso efectivo a los derechos que otorga la Constitución.

 

Para reflexionar y debatir el cumplimiento de derechos es necesario partir de una visión interinstitucional para la construcción del bienestar y desarrollo de la población, a partir de lo cual se puedan establecer políticas públicas y programas sociales con sinergias multidimensionales, de largo alcance y mediante la acción permanente de todos los actores del Estado.

 

La garantía de los derechos sociales por parte del Estado no puede concretarse en acciones aisladas, sino que requieren cada vez más la conjugación de sinergias gubernamentales para brindar certeza a la garantía de los derechos de los ciudadanos.

 

Bajo este contexto, insisto, existen tres elementos estratégicos para el desarrollo de todo individuo: Educación, salud y alimentación, que son la base para construir un desarrollo integral, de ahí la importancia de garantizar su acceso de forma permanente a toda la población.

 

Si bien en nuestro país se han alcanzado importantes logros en brindar servicios educativos a la población en edad escolar, es necesario redoblar esfuerzos para que todos los niños y niñas tengan escuelas funcionales en las que se garantice una atención pertinente, inclusiva y sin discriminación alguna, ya que no todos los niños (con edad para cursar preescolar, secundaria o educación media superior) tienen garantizado el acceso a la escuela hasta finalizar la educación obligatoria.

 

Por otro lado, en el terreno del aprendizaje se registran débiles avances incluso en entidades con los mejores desempeños educativos, dado que los resultados de aprovechamiento escolar no son satisfactorios. Esto muestra la necesidad de persistir en el diseño de estrategias para la eliminación de la desigualdad en la distribución de los recursos humanos y de las condiciones materiales en que operan los centros escolares y sus comunidades.

 

Impulsar una política pública interinstitucional que tenga como base la garantía de acceso a educación, salud y alimentación será clave para alcanzar equidad educativa, garantizar las mismas oportunidades de acceso, permanencia y aprendizaje para todos, con un énfasis en la atención en las regiones con mayor población de niños y jóvenes que padecen las carencias de acceso a la salud y a la alimentación.

 

En el ámbito de salud, en solo diez años México logró extender la cobertura de los servicios a través del seguro popular a más de 50 millones de personas. También se logró disminuir la mortalidad infantil, así como las muertes por infartos y por derrames cerebrales. Sin embargo, el reto es de dimensiones muy grandes, ya que además de alcanzar la universalización de acceso a la salud, se debe garantizar la calidad de los servicios, e impulsar reformas que permitan expandir convenios para el intercambio de servicios y una coordinación plena entre el IMSS, el ISSSTE y el Seguro Popular a fin de que los afiliados puedan transitar fácilmente de un sistema a otro.

 

Respecto al ámbito nutricional, diversas organizaciones como aporta y  el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (unicef) han resaltado que México enfrenta una gran paradoja ya que debe atender simultáneamente desnutrición y obesidad de su población, este fenómeno marca desigualdades entre personas e incluso entre regiones, ya que por un lado la desnutrición, afecta de un modo significativo a la región sur, y la obesidad, lo hace mayormente en el norte, aunque estos problemas se extienden a lo largo de todo el territorio mexicano, poniendo de manifiesto la necesidad de aumentar los esfuerzos para reducir la publicidad y acceso de comida “chatarra” en las escuelas, así como generar una cultura de una dieta saludable y equilibrada en todos los grupos de edad, con especial hincapié en niños, niñas y adolescentes.

 

A través del sistema educativo se debe seguir generando impulsos para crear una cultura como lo sugiere la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (fao) sobre la educación alimentaria y nutricional, lo que traerá consigo el empoderamiento de las personas y sociedades para la adopción voluntaria de hábitos alimenticios y estilos de vida saludables, que a su vez sean respetuosos de sus costumbres locales y del medio ambiente, favoreciendo así la diversidad de la dieta y la buena nutrición de la población.

 

La fao ha enfatizado que la educación nutricional, aunada a un entorno que promueva la adopción de prácticas alimentarias saludables mejorará los hábitos alimentarios de las familias, incluyendo la selección, compra, preparación, distribución y uso de los alimentos en el hogar. La educación nutricional también puede contribuir a la diversificación de cultivos, a promover el uso de alimentos autóctonos y a proteger la biodiversidad y la cultura alimentaria.

 

La Organización Mundial de la Salud (oms) sostiene que el fomento de una cultura nutricional acompañada de programas sociales que proporcionen alimentación y salud a niños puede reducir el riesgo de malnutrición durante la primera infancia, con lo cual se podrían incrementar las tasas de rendimiento, el buen funcionamiento intelectual y aprovechamiento escolar de los estudiantes, esto en conjunto a la implementación de políticas públicas de salud traerá consigo la reducción de enfermedades ocasionadas por el sobrepeso y la obesidad. De ahí la importancia de la conjugación de elementos para su análisis, estudio y aplicación.  

 

Educación, alimentación y salud son elementos clave para la formación de individuos. Las sinergias institucionales para la estructuración de acciones conjuntas requiere la integración de una coordinación plena para la creación de programas sociales, y políticas públicas con capacidad de atender estos fenómenos de forma multidimensional con una visión de propuestas de forma estructural para estas problemáticas.

 

Analizar, discutir y proponer alternativas para la atención de este fenómeno multifactorial será de gran utilidad para la atención de estos temas estratégicos para el desarrollo nacional, por tales razones, los candidatos a ocupar un cargo de elección popular deben pasar de las críticas, señalamientos, teatros mediáticos y propuestas aisladas, a reflexiones de orden inter e intrainstitucional, con visión multidimensional y colaboración  interdisciplinaria, de otra forma estaremos en riesgo de repetir programas sociales que no cumplen objetivos, gobiernos desarticulados e instituciones con bajos rendimientos. 

 

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Omar Cortés, realiza labores de Investigación en el CESOP de la Cámara de Diputados. Pasante de la licenciatura de relaciones internacionales, FCPyS, UNAM. Líneas de investigación: transparencia y rendición de cuentas, fenómenos sociopolíticos nacionales e internacionales. Correo electrónico: torrijos_@hotmail.com

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

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