Eficiencia Ambiental: ¿Propaganda electoral o residuos contaminantes? / En la opinión de Itzel de Alba

¿Propaganda electoral o residuos contaminantes?

 

Por Itzel de Alba

 

A tan sólo unos días de que termine el 2017 y que ya estén cerca los tiempos de campaña rumbo a las elecciones de 2018, los ciudadanos debemos prepararnos para la “lluvia” de propaganda política y electoral que está por llegar.

 

Aunque algunos partidos o alianzas no han definido a sus candidatos y siguen en la lucha de poderes, la autoridad electoral ya ha previsto que se van a utilizar cerca de 49 millones de spots publicitarios, pero ¿se han contemplado las afectaciones que puedan generar al medio ambiente?

 

Según algunas reglamentaciones se establece que la propaganda impresa debe ser biodegradable y de fácil degradación natural, lo cual incluye el uso de lonas y pendones elaborados a base de plástico biodegradable.

 

No obstante, hay que considerar que el uso del plástico biodegradable al descomponerse, no es del todo amigable con el ambiente, por lo que debería quizá usarse mejor el término reciclable.

 

Por ejemplo, el académico y maestro en Ciencias Químicas de la UNAM, Benjamín Ruiz Loyola, dijo en 2015 que era una “estupidez” la legislación a favor de elaborar propaganda biodegradable, pues asegura que no se tuvo una idea general sobre los materiales que no son amigables con el medio ambiente. De acuerdo con Ruiz Loyola, este tipo de propaganda es más dañina porque al desintegrarse a cielo abierto, se transforma en partículas de dióxido de carbono (CO2), un gas de efecto invernadero.

 

El académico considera que si dicha propaganda electoral se destina a rellenos sanitarios, la afectación es mayor porque se transforma en metano, gas de efecto invernadero que resulta 20 veces más dañino que el CO2.

Sería prudente preguntarse entonces, si quienes decidieron las características del material electoral en los reglamentos correspondientes habrán revisado especificaciones de otros materiales biodegradables, o si habrán decidido usar el término biodegradable, sólo porque se escucha “amigable con el medio ambiente”.

 

Esta reflexión no es vana, pues hay que reflexionar acerca de las posibles afectaciones al ambiente. En ese sentido, uno de los problemas que tienen las políticas públicas para el cuidado del ambiente en cualquier ámbito es que generalmente usan términos ajenos a ellos, y se dejan llevar por el “sentimiento “, es decir, usan x o y término “porque se oye moderno o actual”.

 

En cambio, si al hacer legislaciones o políticas públicas con expertos en cada tema, éstas tendrían una visión integral y acertada sobre lo que se debería hacer o no en la materia; y quizá en vez de publicitar a los partidos políticos y sus candidatos en elecciones con “basura”, podrían limitarse a hacerlo en medios electrónicos o menos dañinos al medio ambiente.

 

Itzel de Alba es periodista egresada de la Universidad Carlos Septién García, con una especialidad en Política y Gestión Energética y Medioambiental por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Asimismo, es maestrante en la misma Facultad. Ha sido funcionaria en el gobierno federal y en el de la CDMX. Colaboró en el portal de Los Chavos son los Chavos, y en el periódico El Punto Crítico. Twitter: @pixdealba

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

Tu opinión es importante

Minuto a Minuto

Minuto a Minuto