¿Es bueno, sin saber, opinar de todo? / En opinión de Ángel Verdugo

¿Es válido opinar acerca de un tema del cual todo ignoramos? ¿Fortalece a la democracia y ayuda a modernizar el país emitir opiniones o recomendaciones de un tema, desde la más profunda ignorancia de él?

A éstas y otras preguntas de índole similar, muchos son los que a bote pronto contestan que, dado el derecho a la libertad de expresión consagrado en nuestra Constitución, cualquiera puede opinar del tema que se le antoje y nadie, ¡sí!, nadie debería intentar siquiera sugerirle al ignorante que se callare, menos recomendarle que, antes de hablar de lo que ignora, se informe.

A propósito de hablar sin saber, ¿qué piensa usted de las posiciones siguientes? Una defiende el derecho del ignorante a pontificar sobre temas que ignora y, la otra, defiende la obligación de pedirle al opinante que carece de todo conocimiento de un tema, que se documente antes de decir barbaridades de él.

En consecuencia, ¿cómo actúa usted cuando se enfrenta a un ignorante que pontifica de un tema que a leguas se nota que ignora? Es más, para no colocarlo en una posición políticamente incorrecta, le preguntaría a usted: ¿ha opinado en alguna ocasión de un tema que desconoce? Y si alguien hubiese rebatido y exhibido su ignorancia, ¿aceptó de buen grado su error —hablar de lo que no sabe—, o continuó haciendo el ridículo?

Ahora bien, si opinar de temas de los cuales todo lo ignoramos se diere en el ámbito privado —por ejemplo, en una fiesta de amigos—, las consecuencias no irían más allá de ser la comidilla entre quienes habrían presenciado nuestra exhibición de ignorancia. Sin embargo, ¿qué pasaría si el opinante fuere un integrante de alguna de las Cámaras del Congreso de la Unión, algún gobernador o el mismo Presidente de la República?

¿Imagina las consecuencias que para el país tendrían las opiniones carentes de todo fundamento del tercero de ellos? Y si quien opinare desde la total ignorancia de lo que es gobernar y sin conocer los elementos jurídicos que soportan el combate a la comisión de delitos en contra de la propiedad, pública y/o privada, fuere la científica jefa de Gobierno, ¿qué futuro piensa usted esperaría a México y a la CDMX con gobernantes así?

Por otra parte, ¿qué calidad legislativa tendríamos con legisladores cuyo nivel es tal, que ni siquiera son capaces de leer de corridito una frase de cinco o seis palabras? ¿Quién tendría el cinismo de afirmar que, con legisladores así, el andamiaje jurídico de este país podría ser actualizado con visión de futuro?

De los 628 integrantes del Congreso de la Unión en la Legislatura actual, ¿qué porcentaje piensa usted que está debidamente calificado para opinar —con conocimiento— de los temas sometidos a su consideración para lograr que las nuevas leyes y las reformas de las vigentes, respondieren a lo que exige la realidad del país?

Por último, ¿quién debería ser el que ordenare callar a los legisladores ignorantes, prácticamente de todo tema? ¿Acaso el coordinador de su bancada o el dirigente de su partido y, por qué no, el Presidente de la República? ¿Y si estos tres fueren igual de ignorantes que aquéllos o aún más, quién los callaría? ¿Nadie?

 

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