Espejo ciudadano: En caída libre/ En la opinión de Osiris Villanueva

​​Por Osiris Villanueva 

“Decir que el cambio soy yo, es lo más viejo que existe en la política mexicana”, sentenció Don Gilberto Rincón Gallardo en el debate presidencia del 2000; a sus 61 años fue candidato a la Presidencia por el Partido Democracia Social.

Ese debate marcaría una clara tendencia a favor del candidato de Acción Nacional, Vicente Fox, quien será recordado en la historia del país por sacar al PRI de los Pinos.

Los debates presidenciales no son el espacio para hablar propuesta por propuesta y medio por medios; sin embargo, es posible mostrar posturas y dirección de un programa de gobierno. El tiempo breve y las constantes provocaciones impiden que se configure un foro de proposiciones, creo conveniente partir de ese entendido.

Estos intercambios entre candidatos están marcados por prejuicios, por aventar primero la piedra y por una necesidad casi adictiva de resultar “vencedor”; no obstante estos ejercicios van en caída libre.

Recordemos el debate de 1994 entre Diego Fernández, Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc Cárdenas. Fue moderado por Mayté Noriega, periodista respetada, y con un bajo perfil para la explicación y medición de tiempos. Pese al ambiente tenso del caótico escenario modelado por Salinas, los candidatos se vieron firmes, respetuosos entre sí (hasta se hablaban de usted) y claros con su postura. Cevallos, quien brilló en este primer debate y luego se apagó… o lo apagaron… fue el personaje que más ataques refirió a sus contrincantes (con la clase y precisión de los caracterizaban).

Lo más fuerte dicho esa noche en Chapultepec fue el reclamo de Diego a Ernesto, bajo el argumento que el líder del PAN había sido elegido libremente, mientras que la candidatura de Zedillo era resultado de una tragedia, como el asesinato de Colosio, y de una designación presidencial.

En el 2000 el debate, y hasta la Presidencia, se la llevó el guanajuatense. Rompió la seriedad en la mayor parte de sus declaraciones pero, en el debate guardó un poco de compostura, como lo hizo notar Labastida, luego de sus lamentos por el gran número de apodos que obtuvo. Esa noche no se enunció a “el chaparro” o “la vestida”. Esa otra noche fueron candidatos y ataques con poco daño como el de Fox en respuesta a Francisco: “a mi tal vez se me quite lo majadero, pero a ustedes lo mañosos, lo malos para gobernar y lo corruptos no se les va a quitar nunca”.

Corremos a 2006 en que tuvo más sabor el segundo debate ya con la presencia de Obrador. Madrazo gris (así es, Meade no es el primer candidato que no prende audiencias del PRI), López Obrador serio, molesto y acartonado y un Calderón bastante risueño. Por cierto, el candidato del PAN y del PRI discutieron aquel domingo porque se plagiaron sus propuestas ¡de libros que ambos habían publicado anteriormente! Ambos sacaron sus panfletos a cámara. Así que Anaya no innovó en su modo “candidato predicador”.

En 2012 vimos muchos más ataques directos, Andrés Manuel contra Enrique por su cercanía con Arturo Montiel, el hasta ahora Presidente le reviraba con el caso de Bejarano y sus ligas. Peña acusó a Vázquez Mota de ausentarse del Congreso y justificar sus faltas. Obrador enloquecía, de forma más natural con frases como “nos va a llevar al despeñadero” y Josefina imaginando y describiendo a los demás candidatos como mujeres. Además contamos con Julia Orayen… bueno, causó controversia y se llevó el debate con todo y su vestido blanco.

Seis años después llegamos a dos debates con nuevos formatos, “más abiertos” y con participación ciudadana directa (que no lo pareció, por cierto). Vemos por tercera vez a Andrés, mucho más controlado y confiado. Un Meade que repite lo estático de Madrazo y a un Anaya, asesorado nada más y nada menos que por el Jefe Diego, y se nota en su manera de expresión.

Repetimos insultos clásicos sobre la corrupción mutua, el patrimonio no declarado, los partidos amañados pero, hay unas notas de burla que, si bien pueden divertir, lastiman un ejercicio democrático y ridiculizan todo proceso político.

¿Mochar las manos? ¿Esconder la cartera? ¿Pararse frente a frente y retarse? ¿Sugerir abrazos? Si pensamos que nos habíamos graduado de jardín de niños, nos equivocamos. Estos debates fueron más burla que otra cosa y no sólo entre candidatos. Resulta una falta de respeto para la ciudadanía disfrazada de “nuevas formas de comunicación política”. Ridículo.

Por cierto, como pilón me permito mencionar una recurrencia curiosa. En 1994 Zedillo le reclamó a Cevallos “lucrar políticamente” con el asesinato de Colosio, en el 2006 Peña le reclamó a Vázquez Mota “lucrar políticamente” con el asesinato de la niña Paulette ¿les recuerda a  candidatas de la CDMX en 2018? Les doy 3 palabras: Barrales, Sheinbaum y Rébsamen.

 

Osiris Villanueva, comunicóloga egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaboradora en campañas electorales desde 2008. Trabajó en gobiernos locales de la CDMX. La Comunicación Política y ciudadanía como pilares de la democracia. 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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