La deuda pendiente: el fin de la guerra en México / En la opinión de Karina Kloster y Myriam Fracchia

Por Karina Kloster y Myriam Fracchia

 

Desde hace varias décadas se ha producido en México un alto y creciente nivel de violencia que no se puede comprender sin considerar los diferentes elementos que la componen.

 

1. La reestructuración económica hacia un mercado transnacional. México se convirtió, con una población de 121 millones de habitantes (2010), en uno de los PIB más importantes de América Latina, pero se vio profundamente afectado por la crisis financiera internacional. A partir de la década de 1990, con el gobierno del PRI y después del 2000, con los del Partido de Acción Nacional (PAN), las políticas han producido una distribución de ingresos negativa, un crecimiento de la pobreza (más de 60% de la población vive con ingresos que la coloca por debajo de la línea de pobreza), la informalización del empleo, el aumento del desempleo y su dependencia a la economía de Estados Unidos ya que el 80% de sus exportaciones se realiza a aquel país, cuya política se constituye en un obstáculo para el crecimiento local. Se dio por otra parte, un incremento en la reprimarización de la economía, hacia la explotación del petróleo y minería, el monopolio de tierras por parte empresas transnacionales así como para cultivos para el mercado de la droga, cuya base indígena campesina constituye la masa crítica explotable, junto con todos los desocupados, incluidos urbanos y suburbanos.

 

En este contexto, la consolidación de nuevas formas de explotación y producción de plusvalía fundado en el despojo y desterritorialización de la poblaciónrequiere de altos volúmenes de violencia: el sometimiento de una fuerza de trabajo empobrecida como mano de obra cautiva; la creciente expulsión de población de sus territorios dando lugar a movimientos masivos de población migrante al interior y fuera del país; el mantenimiento de la baja salarial utilizando entre otras y la eliminación física del excedente de esa mano de obra.

 

  1. El nuevo orden social.Estos procesos han ido construyendo nuevas fuerzas sociales en confrontación que se han sobrepuesto o transformado a las históricamente existentes y que expresan dos territorialidades: las del orden legal y del orden delictual, que actúan con diferentes niveles de interpenetración garantizando la acumulación ampliada de estos nuevos grupos económicos transnacionales. De este modo, el nuevo Estado está adquiriendo nuevas funciones y nuevos ejércitos (el crimen organizado perteneciente al orden ilegal).

 

3. Los diferentes procesos de guerra detrás de la “ola de violencia”. Las bajas humanas, producto del ejercicio del nuevo poder armado, revelan los procesos de reconstrucción territorial de una dominación sobre los cuerpos. Los dos ámbitos de dominación producen las diversas formas en que se expresa la derrota de los cuerpos: muertos, desaparecidos, secuestrados, “levantones”, heridos, torturados, detenidos, entre otros.

 

La interpenetración entre ambos dominios ha constituido al crimen organizado en uno de los brazos armados del orden legal. Además, la interpenetración encubre otro proceso de violencia que tradicionalmente ha sido realizado por el Estado mexicano: su selectiva capacidad —operada actualmente en la mayoría de los casos por el crimen organizado— para desaparecer, matar o encarcelar a los activistas sociales, periodistas y a toda persona de la sociedad que represente un obstáculo para la dominación pretendida, a través de la acción represiva del Estado.

 

La guerra en México es la expresión de una nueva forma de dominación, siendo el sujeto principal las fuerzas armadas, legales e ilegales. Este proceso queda invisibilizado bajo la retórica de la “violencia” y de la sensación de irracionalidad en su producción. Ofrece la imagen ilusoria de un caos, de una guerra entre narcos que el Estado dice combatir, manteniendo la desesperante y permanente pregunta de qué pasa en el país, sin otorgar herramientas para su respuesta y dejando a la sociedad en la indefensión, entre el terror construido y la ignorancia que obstaculizan -pero no han logrado impedir- su avance en los procesos necesarios de organización y solidaridad, que siguen recibiendo un creciente costo humano.

 

4. El fin de la guerra y la nueva relación entre Estado y sociedad. Nos encontramos ante una reestructuración del orden estatal a nivel transnacional, que organiza de manera violenta nuevas formas de producción y distribución de la riqueza en donde los cuerpos-mercancías constituyen el eje de la confrontación.

 

El futuro de un México más humano depende de la posibilidad de construir una política de estado capaz de otorgar las garantías de una vida digna a su población. Pero también reside fundamentalmente en la capacidad ciudadana de organizar un “ya basta” a la corrupción e impunidad con que se ha establecido históricamente el poder en el estado. En este sentido coincidimos con que es necesario construir las fuerzas capaces de detener la política de guerra de exterminio hacia una parte de la sociedad mexicana. Es preciso construir en los distintos niveles una voluntad política que nos humanice.

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Karina Kloster es socióloga por la Universidad de Buenos Aires, maestra por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso-México) y doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la unam. Es profesora investigadora en la uacm- Cuautepec y profesora de asignatura en la unam. Coordina desde 2010 el Grupo Interdisciplinar de Estudios sobre Conflictos por el Agua (giesca) y pertenece a la Red de Investigadores Sociales Sobre el Agua (rissa) y Waterlat-Gobacit. En Argentina fue miembro del Programa de Investigaciones sobre Cambio Social (P.I.Ca.So.) dirigido por Juan Carlos Marín, y en los últimos años, en México, ha colaborado con diversas investigaciones sobre la problemática del agua en la Flacso-México, coordinados por la doctora Ma. Luisa Torregrosa. Acaba de publicar los libros “Las luchas por el agua en México: 1990-2010”; y “Conflicto y violencias en América Latina”, ambos editados por la UACM.

 

Myriam Fracchia Figueiredo, Socióloga por la unamy trabajadora social por la Universidad de Derecho de Siena (Italia); maestra en Desarrollo Rural y doctora en Ciencias Sociales por al uam-Xochimilco. ExCoordinadora del doctorado en Investigación e Intervención Educativa (diie). Líneas de investigación: conflictividad social en México; relación entre violencia social y violencia escolar; pedagogía de la cooperación. Última publicación: Fracchia, M. (Prólogo) (2014). Juan Carlos Marín, Conocimiento y desobediencia a toda orden inhumana.

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

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