Luego del tsunami/ En la opinión de Diego Guerrero

Por Diego Guerrero

 

Dicen que después de la tormenta viene la calma; en el ambiente político de México está ocurriendo algo parecido, aunque con características inquietantes. Pasó el tsunami lopezobradorista del primero de julio y en estos días se percibe una especie de impasse; una tensa calma que alimenta suspicacias pero que abona al debate público. Se siente como si el triunfo de Andrés Manuel, per se, hubiera traído consigo un cambio en el ánimo sociopolítico. Inquieta el silencio que ha demostrado la actual administración. Inquieta también la intensa actividad discursiva, que a veces raya en verborrea, que ha tenido el equipo de transición de López Obrador.

 

Lo escribía Jesús Silva-Herzog en un artículo para El País antes de la jornada electoral, pero el apunte es aún vigente y acertado: a Andrés Manuel se le acusó de ser el gran peligro para México. Después de doce años de sangre y mugre, de violencia y corrupción, es claro que para los electores mexicanos no hay mayor peligro que la continuidad de lo existente. Por eso hay que decir que el terremoto que provocará la victoria de López Obrador será el gran desafío de México. A todos pondrá a prueba.

 

Y ese terremoto, por lo menos el que supusieron los comicios del primero de julio, ya pasó. El triunfo fue avasallador. Los votantes emitieron un mensaje clarísimo. El tsunami quedó atrás y la estela de cambios es evidente: partidos políticos históricamente grandes lucen desvencijados, otros sin registro, dirigencias nacionales renovadas, fracturas partidistas salidas a la luz…

 

Pero tal vez caeríamos en un error si creemos que es el momento sólo de Andrés Manuel López Obrador; hoy, más que nunca, es el momento de la oposición, de los otros partidos, de las voces que no emanen del nuevo oficialismo. Es momento de que la pluralidad política, a través de nuestro sistema de partidos, sea más fuerte que nunca. Tenemos que asegurarnos de que existan los contrapesos suficientemente maduros para poder contener, de manera responsable y no como capricho, las posibles expresiones de autoritarismo que Morena podría poner en práctica tras el capital político que adquirió tras su histórico triunfo. Y no me refiero a ser draconianos en la contención de las iniciativas o reformas que quieran impulsar.

 

Es también el momento de la ciudadanía, de simpatizantes y detractores del nuevo gobierno que viene. Es momento de construir desde la crítica; de ofrecer y exigir; de involucrarse en las decisiones políticas de nuestra cotidianidad. Hago votos por que los partidarios de Andrés Manuel tengan la suficiente voluntad y valentía de señalar al nuevo régimen cuando haya que hacerlo. Deseo también que sus adversarios no caigan en la intransigencia de quien se niega a reconocer los logros del otro por mera intolerancia.

 

El reciente proceso electoral nos trajo un sinfín de oportunidades: se reconfiguró el mapa político del país, se hizo manifiesta la necesidad de revitalizar los partidos políticos, se abrió paso a nuevas voces, a nuevos rostros...

 

La jornada del primero de julio prometía ser histórica y cumplió. Los mexicanos cumplieron. Muchos de quienes enarbolaban la bandera de la incredulidad se reconciliaron con la democracia. El triunfo de López Obrador emitió un mensaje muy contundente en pro de la ella y del sistema electoral mexicano; acabó con suspicacias históricas. Lo que me preocupa es que la democracia vaya a reforzarse para morir; que la libertad vaya a actuar para perderse.

 

Luego del tsunami lopezobradorista, Morena se va a encontrar con un terreno muy fértil. ¿Sabrán aprovecharlo? Más de 30 millones de votantes le encomendaron una tarea de gran calado. ¿Se portarán a la altura? ¿En cuánto tiempo empezaremos a darnos cuenta de que llegó el cambio tan esperado o que todo fue mero circo electorero? Y la pregunta que más me he hecho en los últimos días, y que la gente de Morena tendría que empezar a plantearse: ¿quién será su caudillo tras la era AMLO?

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Diego Guerrero es licenciado en Comunicación y Periodismo por la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Mexicano. 22 años. Apasionado por la política y el ejercicio democrático a través del periodismo. Ha desempeñado toda su trayectoria profesional en Grupo Imagen. Twitter: @GO_DIEGOH

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

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