La paz narca y la violencia que viene / En opinión de Jorge Miguel Ramírez Pérez

Redacción MXPolítico.- Me veo obligado a comentar acerca de lo sucedido en Culiacán el 17 de octubre, fue un hecho lamentable en sí. Pero a la vez, el impacto, significa una confluencia de factores que vienen creciendo adversamente, en el complejo tema de la  eguridad de los mexicanos.
Lo que pasó en Culiacán, no quedó allí. Las consecuencias son varias e inevitables. El efecto que todos señalan de manera  obresaliente, es el daño estructural al estado mexicano. La integridad formal del país se colapsó de manera evidente al ceder el
gobierno ante el narcoterrorismo, suspendiendo el proceso de detención del o los presunto(s) delincuente(s) que pide EUA.
Lo que se perdió fue de fondo, e hirió el alma nacional.


El gobierno y nadie más puso en riesgo la seguridad de la población y tuvieron que recular después del desastre. Esa es la evidencia. Para efectos políticos, ahora presumen de salvadores de lo que ellos mismos causaron. Nadie más atizó el avispero a lo puro y descarnado sentido de la irresponsabilidad.


No solo las leyes quedaron como trapeador. El grupo delincuencial jaqueó al poder nacional porque no aflojaron en su frenética violencia y demostraron como se dijo: “superioridad” no solo numérica, sino armamental, de movilidad, y hasta de planificación estratégica, al controlar puentes que incendiaron con 9 vehículos y 19 bloqueos a la ciudad. Eso, sin contar lo que dicen los abogados de los Guzmán, excesivamente protagónicos, que no había ese día la orden de aprehensión, que después López Obrador
leyó, y menos existía un operativo de extracción, cuando tuvieron al presunto delincuente en sus manos.


El cártel de Sinaloa es un hueso muy duro de roer porque sus tentáculos son internacionales en todos los continentes. Así que el cuento de que se actuó sin planeación y sin recursos de poder no satisface. ¿Qué hay atrás de esos “errores” que parecería mas
acciones de provocación a gran escala?

Porque hay otras consecuencias que se asocian a la tradición de las relaciones del cártel de Sinaloa con los poderes públicos. Siempre, en caso de alguna detención, cuando mucho, los transgresores utilizaban el recurso de huir, únicamente. Jamás   ganizaron una reacción colectiva de bandas confederadas, que abiertamente y sin algún tipo de límite, irrumpieran aterrorizando con armas de alto calibre AK47 y R-15 contra todo lo que pareciera cumplir sus propósitos, de liberar a Guzmán, pero sobre todo de someter al
gobierno. Eso hace una diferencia sustancial y es irreversible.


Y mas allá de las ocho muertes de policías y militares, de dos custodios también muertos, de los reconocidos; de los 16 heridos; de la fuga de los más de 50 reos de las mismas bandas; de las 9 patrullas y helicópteros atacados con Barret-Calibre 50. De ataques a
cinco bases operativas militares y policíacas; y a la unidad habitacional del ISSFAM . Hay algo todavía más grave, es que el Presidente López está acorralado, por un lado por la narco insurgencia y por otro también, por los poderosos compromisos internacionales de
combatir lo que no combaten en sus territorio, las adicciones y la venta indiscriminada de armas. No hay vuelta de hoja; López Obrador tiene que tomar una decisión y pronto, dejarse de evasivas y mas allá de enviar fuerzas especializadas por cierto, en notoria inferioridad numérica para lo que desplegaron los transgresores de la ley.


El secretario de Seguridad, Durazo en la conferencia de prensa del viernes, reiteró el interés del gobierno por continuar con la aprehensión. Si es así, necesitan aplicarse a fondo. Pero todo ya cambió en horas, México es otro, y los del gabinete de seguridad ahora saben lo que no sabían, ni de lejos. Aún los que se enteraron de las seis versiones y que fueron excluidos en el operativo, constaron el tamaño de la fuerza delincuencial en la zona, que no se vio fragmentada como se decía. La madriguera es enorme, de hecho es una milicia de bandas que se asemejan a la pesadilla de zombies armados hasta los dientes y adictos a lo que trafican y venden.


No hay hasta ahora antecedentes de ningún operativo de las fuerzas del gobierno, de la dimensión que se requiere para cumplir la extradición. Lo mas cercano en la historia fue la Operación Cóndor versión México, de los años setentas; armada para combatir los
cultivos de enervantes. Pero los recursos de armamento y tecnológicos de entonces, no se parecen a lo que hay hoy.
El reto es cuesta arriba, pero si no se busca la reparación del desafío, Culiacán y el mismo estado de Sinaloa se quedan a la deriva, en las manos potenciales del narcopoder…
El embajador Christopher Landau reiteró su apoyo a las fuerzas de seguridad y al país; y al referirse a la llamada de solidaridad de Trump con López Obrador el sábado, abundó en la necesidad de continuar la lucha contra la delincuencia organizada.
Porque si se consigue la captura fallida del jueves, a las fuerzas armadas las reposiciona en todos los sentidos y a Trump le pudiera aliviar la presión del impeachment y los otros asuntos que divergen con él en el Congreso, que ha rechazado el retiro de sus tropas en el Kurdistán.
Les urge tanto a los militares que se vieron vulnerados dejar claro lo que quedó nebuloso; como al Presidente estadounidense un contrapeso, para levantar la moral de los ciudadanos, a quienes les pesan las adicciones de sus familiares, y con ese clavo ardiendo, buscaría retomar la ofensiva doméstica.


Pero no hay retorno; tanto los estrategas de López se equivocaron con un operativo incompleto; como los del cártel afirmándose, en el error de medirse en abierto con las fuerzas del gobierno. Lo que se vislumbra lamentablemente, solo trae más violencia; porque la pax narca, no es la salida para nadie.


Autor: Jorge Miguel Ramírez Pérez
 
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