Nuevo traspié presidencial; les arrojan gas lacrimógeno

A mediodía, el vocero Jesús Ramírez declaró que sí arrojaron gas, en bajas dosis y más tarde  en un comunicado, la vocería se desdijo diciendo que fue aerosol.

Redacción MX Político.-  Este martes por la mañana, desde antes de las 7 de mañana, un grupo de presidentes municipales llegados a la Ciudad de México desde diferentes rincones geográficos del país, se reunieron para acudir al encuentro del presidente Andrés Manuel López Obrador en el transcurso de su diaria conferencia mañanera en Palacio Nacional, pero no tuvieron suficiente fortuna. 

Recibieron una dosis de gas lacrimógeno de parte de la fuerza policial militar que resguarda las instalaciones de Palacio Nacional, cuando pretendían ingresar forcejeando, como forma de resistencia civil y de manifestación política para llamar la atención y ser recibidos por el Presidente de la República, que se encontraba al interior.

 

 

 

 

El contingente de munícipes, aglutinado en una agrupación llamada Asociación Nacional de Alcaldes (ANAC), integradas de 25 presidentes  municipales, de diferente extracción electoral entre ellos, pero que comparten el movimiento municiplista, en la lucha por que no les sean retirados o disminuidos los recursos contemplados en el Presupuesto de Egresos Federales 2020. 

Bajo el argumento de que al forcejear, una vez que les fue negado el acceso al histórico inmueble por custodios militares aposentados en la Puerta Mariana, ponían en riesgo la vida de trabajadores que se encuentran remodelando el histórico edificio. 

Fue entonces cuando algún mando medio dio la orden de rociar gas lacrimógeno -del llamado gas pimienta- al contigente, lo que ha generado las más diversas reacciones en el espectro político e intelectual del país.

Los ediles manifestantes, buscaban encontrarse con el primer mandatario para entregarle en mano, un documento donde solicitan un aumento del Subsidio en Materia de Seguridad (Fortaseg) en seis mil millones de pesos, un 10 por ciento más para los gastos en el Ramo 23 y 28, así como la liberación del Fondo Migrante, para enfrentar las caravanas migrantes, el Fondo Minero, e incluso demandan que se elimine la exención predial en el artículo 115 constitucional.

Entre los presidentes muncipales destacan Enrique Vargas del Villar, de Huixquilucan; Juan Hugo de la Rosa, de Netzahualcóyotl; Maru Campos, de Chihuahua; y Francisco Castellón de Tepic; entre otros 21 alcaldes más.

 

 

 

Cabe señalar que los gobiernos federales y de la Ciudad de México, no habían recurrido hasta ayer a una acción calificada deliberadamente de fuerza, que mostrara una especie de ruptura con el pacifismo que profesa el líder de la Cuarta Transformación y jefe de las instituciones nacionales, Andrés Manuel López Obrador.

Ni cuando los grupos de jóvenes anarcos caminó junto a manifestantes pacíficos,  dejando una estela de destrozos, agresiones y terror por las calles de la zona rosa y del centro histórico de la Ciudad de México, durante la Marcha Feminista de agosto y del 2 de octubre pasados. Aun cuando perpetraron atentados al patrimonio histórico de la ciudad y del mundo.

Mucho menos el estado usó la fuerza a ese nivel para ejecutar una supuesta orden de cateo y presentación emitida por un juzgado, el jueves pasado en Culiacán, por parte de fuerzas coordinadas de la Guardia Nacional y la Defensa Nacional, pretendiendo capturar a Ovidio Guzmán López.

Ante tales hechos, Vargas del Villar, alcalde de Huixquilucan, Estado de México y vocero de la ANAC, ha declarado públicamente su inconformidad por la forma en que fueron recibidos en Palacio Nacional, por lo que anunciió que interporndrán una queja por lo mennos en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), por atentados de la autoridad a su derecho a manifestar libremente sus ideas.

"No entiendo un país de primer mundo que vayan los alcaldes y los reciban con gas lacrimógeno, no puede pasar esto en nuestro país; ya ha pasado en Venezuela, en Bolivia, en otros países, pero no debe pasar aquí en nuestro país", remarcó Vargas del Villar.

Consecuencias nocivas del uso de gas lacrimógeno

El gas lacrimógeno es un tipo de arma química. Aunque su uso está prohibido para la guerra desde 1993 por la Convención de Ginebra, a nivel doméstico países de todo el mundo lo usan para controlar a la población civil durante protestas y disturbios.

Una gran exposición al gas lacrimógeno, por concentración o cercanía, puede causar vómitos, diarrea, y según el estudio de Rothenberg, quemaduras en la piel y daños oculares graves, como edema estromal de la córnea o un desgarro conjuntival, entre otros males.

También se han reportado heridas graves y muertes a causa de los ataques con gas lacrimógeno hechos muy de cerca o directamente sobre las personas, causando heridas severas en la cabeza y los ojos así como quemaduras.

 

 

 

 

El gas lacrimógeno es un arma considerada no letal, pero que está contemplada en protocolos de actuación policial en el penúltimo nivel (quinto), denominado técnicas defensivas menos letales en el uso de la fuerza. 
Muy por encima y lejos, de los primeros niveles de actuación protocolaria, donde se contemplan la presencia policial ordinaria, la amonestación simple, los comandos no verbales y hasta la verbalización (persuación o apercibimiento simples).

Es decir, sólo un peldaño antes en la pirámide del uso de la fuerza, donde el último nivel, el sexto,  es el que contempla ya las armas letales, como las de fuego y las orientadas al uso de la milicia (de potencia).

Esta es la pirámide:

 

 


El Protocolo de Actuación de la Policía Federal sobre el Uso de la Fuerza vigente y publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF), el 18 de octubre de 2017,  señala en su sección Tercera, artículos 6 y 7, fracción V, contempla el uso de la fuerza policial, mediante medios y mecanismos de control, que no vulneren derechos ni libertades de personas y orientadas a enfrentar agresiones recibidas o resistencias encontradas.
El artículo 12 del citado Protocolo, define y autoriza las llamadas armas no letales:

 

 

Ese protocolo fue propuesto en su iniciativa (por lo menos firmado) por Omar Hamid García Harfuch, en su calidad de Comisionado General de la Policía Federal de la época.
Por lo que quizá debamos acostumbrarnos en lo sucesivo a observar el uso de gas lacromógeno en cada manifestación ciudadana.

El vocero Jesús Ramírez, en un desplante de esnobismo ambiental o de novatez.
Fue el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, quien redondeó el desafortunado tropezón presidencial, cuando aeptó desde temprana hora, que los elementos de la guardia en Palacio, al observar la conducta "riesgosa" de los alcaldes manifestantes, que amenazaban con su conducta la integridad de los trabajadores y policías en el acceso mariano,  optaron por aplicar protocolo para "dispersarlos" y evitar lesiones o daños mayores.
Aceptó en declaración a medios alrededor de la una de la tarde, que fue aplicado protocolo con gas "porque empujaron al personal que resguardaba la entrada del recinto" y a terceros (trabajadores de la construcción) que se encuentran en labores de remodelación; "que en general no guardaron las formas como autoridad que son", y que por eso los rociaron con gas, aunque fue en cantidades menores y al ambiente, no dirigido a nadie. Que fue rociado hacia la pared, buscando que los alcaldes "se hicieran a un lado".


Ya pasadas las 3 de la tarde, Ramírez Cuevas volvió a salir ante la opinión pública, esta vez mediante un comunicado oficial (boletín electrónico), de la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia de la República, que encabeza el propio Ramírez, en el que se habría cambiado en esencia, la naturaleza del arma no letal usada para dispersar a los munícipes manifestantes.
En este se establece que dadas las condiciones del incidente, se roció "aerosol defensivo natural" (no gas lacrimógeno), "con fines disuasivos en una dosis moderada, para no poner en riesgo la vida de ninguna persona", según se lee en el comunicado.
Algunas reacciones en Twitter.

Juan Carlos Romero Hicks Coordinador del PAN en San Lázaro:

 

 

 


Maru Campos, alcaldesa de Chihuahua:

 

 

 

 


hch


 

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