¡Toño, no tienes derecho a fallar, jamás lo olvides!: @efektoaguila

La vida es la más hermosa de las aventuras. La meta a perseguir es la felicidad. Es nuestra convicción. Sin embargo, requiere inteligencia y humildad para definir un proyecto de vida.

Lograrlo implica conocerse y aceptarse a sí mismo, para detonar luego los talentos personales.

Tras la definición es indispensable la decisión para intentar alcanzar los objetivos fijados.

En tal sentido, es muy loable conocer oaxaqueños que han logrado definir un proyecto de vida personal y tienen, además, la decisión de perseguir sus objetivos y metas de manera clara.

Es el caso de Alejandro Ismael Murat Hinojosa, de Celestino Manuel Alonso Álvarez, de José Antonio Hernández Fraguas y de José Javier Villacaña Jiménez, entre otros muchos más.

Se tiene la percepción generalizada que hay seres humanos con buena y mala suerte. A quienes la vida trata supuestamente de manera justa e injusta. En nuestra opinión, no es así. Es una grave equivocación. Hay, sí, circunstancias favorables y desfavorables.

Oportunidades de convertir esas opciones posibles en fortalezas y ventajas. Sujetas, sin embargo, a un análisis costo-beneficio. Pero al final, decisiones inteligentes o no, tomadas con base en el libre albedrío y tenacidad.

Claro que hay seres humanos, hombres y mujeres, afortunados. Tuvieron la visión y sensibilidad de detonar sus capacidades. Algunos lo han hecho con inteligencia y humildad. Los más con soberbia y perversidad.

Éstos son los casos, entre muchos otros, de algunos políticos como el panista Vicente Fox Quezada y el ex priista Gabino Cué Monteagudo. Tuvieron la habilidad y fuerza de voluntad de definir y construir un proyecto político.

Son vidas paralelas. Una y otra tienen grandes semejanzas. Sus triunfos representaron un parteaguas nacional y estatal. Encarnaron, por primera vez, la alternancia en la Presidencia de la República, en el caso de Fox.

En la gobernación de Oaxaca, en el caso de Gabino Cué. En el mitin de euforia por la derrota del PRI, el 2 de julio de 2000, de pronto la gente le gritó a Fox al pie del Ángel de la Independencia: “¡No nos falles!”.

Para los observadores y analistas político ello era insólito. Llamó la atención poderosamente que el grito que se escuchó no fue: “¡Patria o muerte: venceremos! La alternancia era una auténtica revolución de terciopelo.

La misma escena multitudinaria, con el mismo grito, se repitió la noche del domingo 4 de julio de 2010 en la entonces Fuente de las 7 Regiones, en la capital oaxaqueña, tras el triunfo de Gabino Cué “¡No nos falles!”.

Gabino llegó precedido de la derrota al PRI, por segunda ocasión, en la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez. La primera alternancia corrió por cuenta de Pablo Arnaud Carreño al derrotar a David Palacios García, tío de Diódoro Carrasco Altamirano.

No obstante, arribar con el mayor bono democrático de la historia nacional y estatal de la época actual, Vicente Fox Quesada y Gabino Cué Monteagudo fallaron rotundamente a los mexicanos y a los oaxaqueños, respectivamente.

Prometieron y se comprometieron obsesivamente a luchar contra la corrupción. Juraron y perjuraron meter a la cárcel a los corruptos. Pero no sólo no lo hicieron, sino que se convirtieron en los peores saqueadores de México y Oaxaca.

En ambos casos sus familiares, amigos, compadres y socios, todos ellos cómplices, resultaron peores que los anteriores presidentes y gobernadores. Fox a través de Marta Sahagún Jiménez y sus hijos Manuel y Jorge Alberto Bribiesca.

Con Gabino los grandes saqueadores de Oaxaca son su ex cuñado Manuel Ramírez Tenorio y su primo Germán Tenorio Vasconcelos, el vicegobernador Jorge Enrique Castillo Díaz, Alberto Vargas Varela, Netzahualcóyotl Salvatierra y Pepe Zorrilla, entre muchos otros.

Con estos lamentables y dolorosos antecedentes, el grito de clamor y reclamo al gobernador Alejandro Murat Hinojosa, y al presidente municipal de la capital oaxaqueña, José Antonio Hernández Fraguas, es al igual que a Fox y Gabino ¡”No nos fallen”!.

Ambos tienen todo a su favor, juventud y experiencia, respectivamente. Y, sobre todo, el gran estímulo de seguir creciendo políticamente. Alejandro como secretario de Estado y, en su momento, prospecto presidencial. Toño por la reelección por tres años más.

Los momentos políticos que les tocan vivir son únicos y, por tanto, históricos. Alejandro Murat tendrá oportunidad de concluir las dos súper carreteras al Istmo y la Costa. Las dos obras en cuestión cambiarán el rostro y la vida de Oaxaca y de los oaxaqueños.

Bastaría a Alejandro la terminación de estas dos arterias de comunicación vial en el estado para pasar a las mejores páginas de la historia de Oaxaca. Ha sido un anhelo largamente acariciado. No es la única prioridad, por supuesto. Toño tiene, también, garantizado el pase a la historia con la primera reelección como alcalde de Oaxaca de Juárez.

Asimismo, Toño cuenta con la experiencia de haber gobernado la capital oaxaqueña. Y tiene como importante antecedente de su Plan de Gobierno el Proyecto 20-30, elaborado durante su primera gestión por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Así es que ambos gobernantes electos no tienen derecho ni puede darse el lujo de fallar. Sería doblemente imperdonable después de la debacle político-administrativa provocada por el desgobierno de Gabino Cué y su círculo rojo.

Éste último aspecto es una de las principales cuestiones que Alejandro Murat y Toño Hernández Fraguas deben cuidar con extremo cuidado. Mucho daño ha hecho a Oaxaca que los afectos a sus amigos y compadres traicionen a sus gobernantes.

Los oaxaqueños están hasta la madre de la corrupción de gitanos, filibusteros, extraditables, toficos, burbujos o vicegobernadores. De entrada, mucho ayuda a evitarlo cumplir el compromiso de campaña de integrar el gabinete y el Ayuntamiento con paridad de género.

Indispensable es, también, entreverar generaciones para sumar experiencia y juventud. Formar cuadros que conformen la nueva clase política es una obligación del gobernador y del presidente municipal capitalino. Tienen que capitalizar a su favor el bono democrático y demográfico.

 

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