1994-2017, el voto del miedo rumbo al 2018: @efektoaguila

Alfredo Martínez de Aguilera 
 
Con todo y ser consubstancial a la naturaleza humana, una de las peores emociones negativas es el miedo. Y si lo es individualmente a nivel personal, lo es más en el ámbito colectivo, familiar y social y, peor todavía, nacional.
 
México tiene todo para ser una potencia global media. Sabiduría milenaria, no solo inteligencia genial en su gente, además de vastos recursos naturales todavía no explotados y menos saqueados por los gobiernos y empresarios corruptos.
 
Guardadas las debidas proporciones ocurre lo mismo con la enorme riqueza, sobre todo, pluriétnica y pluricultural, pero también natural de Oaxaca, resultante de la moderna Torre de Babel que representan sus 16 grupos étnicos y 95 mil kilómetros cuadrados.
 
Al igual que en el resto del país, a ello se suma el indiscutible talento de los mestizos, enriquecido por la no menos milenaria cosmovisión oriental y grecorromana, cuna de la civilización cristiana occidental.
 
Si además compartimos tres mil kilómetros de frontera con el mayor imperio conocido hasta ahora, por qué no logramos dar el gran salto histórico que anhelaron nuestros viejos abuelos y padres y que reclamamos nosotros a gritos.
 
Sin ser simplista, la respuesta es simple y sencilla: Por el miedo cerval que patológicamente nos han sembrado los políticos de la partidocracia que desgobiernan México, cuyos efectos devastadores generan el Síndrome de Estocolmo, terminamos aceptando a nuestros verdugos.
 
Un video amablemente compartido por el director del diario Tiempo, Wenceslao Añorve Martínez, sobre El Poder del Miedo, me lleva a escribir esta entrega para compartir las enseñanzas de vida del mismo y entender nuestra cruel realidad para cambiarla.
 
José Luis Sampedro Sáez, escritor, humanista y economista español que abogó por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos», advierte con todas sus letras: “Gobernar a base de miedo, es muy eficaz. El miedo nos lo están dando todos los días en los medios de comunicación…”. Una gran verdad al contrastarla con la realidad del manipuleo del descontento provocado por el megagasolinazo.
 
“El miedo, agrega Sampedro, hace que no se reaccione, el miedo hace que no se siga adelante. El miedo es mucho más fuerte, casi desgraciadamente, que el altruismo, que el amor, que la bondad. El miedo asusta mucho”.
 
Con gran tino el pensador español explica: “Si usted amenaza a la gente con que los va a degollar, luego no los degüella, pero los explota, los engancha a un carro, les azota, y dicen “bueno por lo menos”, se dice eso que es tan grave, “virgencita que me quede como estoy”.
 
Y si empieza por dar el shock, si empieza usted por asustar a la gente muchísimo, luego les castiga un poco menos, y dicen: “ay, pues menos mal, no nos han fusilado, ¡qué bien!”.
 
“Es el miedo y el miedo nos lo están dando todos los días los periódicos y la televisión y todo. Si somos libres de pensar, es más libre un librepensador dentro de un calabozo que el guardia que lo custodia porque el guardia está defendiendo lo que no es suyo y fastidiando al que es suyo”.
 
Sampedro recuerda una anécdota preciosa que la contaba Salvador de Madariaga en un libro suyo que se llamaba “España”, que se publicó allá por los años 30. “En tiempos de la República, en Andalucía, en una época de tal, hay elecciones, tal”.
 
“Y entonces, el capataz de un cortijo va a hablar con los jornaleros parados que están en la plaza y tal y cual y les dan un duro, dos duros, para que voten por el candidato del cacique. Y a uno de esos que le dan un duro, dos duros, coge esos duros, se los tira al capataz y le dice: En mi hambre mando yo”.
 
“Es de lo poco que puede decir el hambriento, por lo menos que en tu hambre mandes tú. Qué le puede decir a un hombre que no tiene nada. Pues que sea consciente, que tenga libertad interior, que te apruebes ante ti mismo con razón”.
 
Ésta es la encrucijada que, otra vez, vivimos los mexicanos ante la ola de violencia prefabricada por el megagasolinazo. Nada nuevo, en realidad, ya vivimos el poder del miedo, traducido en el voto del miedo en 1994, promovido por el PRI para ganar la presidencia de la República.
 
Al igual que entonces, una vez más los demonios de la política están sueltos y vienen no por las almas de los millones de ciudadanos mexicanos más pobres, sino por la compra de sus cuerpos y conciencias, pero sobre todo, por sus votos, para ganar la presidencia en 2018 con Luis Videgaray Caso.
 
Como la circunstancia lo amerita, muy pronto veremos que ejecutan a algunos prominentes políticos y a algún jerarca de la Iglesia Católica, como ocurrió con Francisco José Ruiz Massieu, el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y finalmente al candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta.
 
Ahora, en 2017, millones de mexicanos viven con miedo. Miedo a perder la precariedad con la que se vive, a prescindir de los medios de supervivencia. Muchos sienten temor de perder un empleo sin prestaciones de ley y en el que no generan antigüedad, porque el escenario que enfrentarían sin éste sería mucho peor.
 
Otros tantos sienten terror de la idea de no haber visto lo peor aún; que los márgenes tan estrechos de convivencia cotidiana que una década de gobiernos panistas  produjeron, agravado por el peñato, terminen de desaparecer por completo. A ser uno de los “daños colaterales” a los que con desprecio se refirió Felipe Calderón.
 
Miles de ciudadanos que en otros tiempos salieron a la calle a ejercer su derecho a protestar se han paralizado por apatía, frustración, pero también por temor.
 
El escenario actual es caldo de cultivo para que muchos anhelen la sensación de seguridad por algo conocido, que emprender una nueva aventura, que signifique un nuevo riesgo, otro salto al vacío. Así que, otra vez, votarán por el PRI.
 
La aduana de las elecciones intermedias en Coahuila y Nayarit, pero fundamentalmente en el Estado de México será el mayor y mejor termómetro de este ejercicio de creación de escenarios políticos futuros, a través del voto del miedo, rumbo a la elección presidencial de 2018. Tiempo al tiempo.
 

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