La 4T y la inspección del FMI a la economía / En opinión de Enrique Campos Suárez

El simple hecho de que venga a México una delegación de funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) a recabar información y a analizar la evolución de las políticas en materia económica, para posteriormente elaborar un informe, debe caer muy mal a aquellos grupos del gobierno ubicados en el ala más a la izquierda de la 4T y que se creyeron eso de que se había acabado con el modelo económico anterior.

La queja favorita era que México actuaba bajo el dictado de los organismos del imperialismo. Seguro que esos grupos deben sentirse decepcionados de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador permita esto que ven como un acto de injerencia neoliberal.

Pero, afortunadamente, los que dentro de la 4T sí le entienden a la utilidad de estos organismos internacionales y la importancia de que México mantenga una buena relación con ellos participaron con total disposición en la elaboración del informe de la Consulta del Artículo IV del Convenio Constitutivo, respecto a la condición de la economía mexicana.

Seguro que, si pueden, se lo callan. Pero es un hecho que este ejercicio del FMI le conviene al actual gobierno, porque de su resultado depende la renovación de la Línea de Crédito Flexible que mantiene este organismo con México. Ya sabe, ese dinero disponible para imprevistos financieros.

Ahora, no podremos decir que México obtuvo en esta ocasión una estrellita en la frente por parte del FMI, ni que el gobierno federal estuvo tan de acuerdo con las conclusiones de la consulta.

El documento del FMI insiste mucho en la resiliencia de la economía mexicana, como una forma cortés de argumentar que, a pesar de la elevada incertidumbre por las políticas públicas, de las condiciones monetarias restrictivas y un subejercicio del gasto público, la economía mexicana resiste, aunque eso sí con un crecimiento económico estancado.

Seguro que en el gobierno federal le hicieron muecas a los estimados de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que lanzó el FMI, para este 2019 de 0.4 y de 1.3% para el 2020. A pesar de que, dicho sea de paso, son pronósticos muy generosos.

No le encantó a la 4T algunos señalamientos del FMI en torno a la política que se sigue, por ejemplo, en Petróleos Mexicanos, o bien la manera en la que se cobran los impuestos a los energéticos y ni hablar de las estimaciones macroeconómicas del actual gobierno, que se han separado de la realidad de la desaceleración.

Los directores ejecutivos del FMI, encargados de este análisis, quizá traten de ser políticamente correctos, pero tampoco tienen tanto entendimiento del estilo de tomar las decisiones importantes en este gobierno y la forma como se postergan los temas relevantes en función de la popularidad presidencial. Pide el FMI, por ejemplo, que se adelante para el próximo año la discusión de una reforma fiscal, que entre en operación en el 2021, que logre incrementar los ingresos tributarios.

Argumentan que una reforma así hoy es posible, por el poder político que mantiene el presidente. Pero parecen no entender que es imposible que López Obrador emprenda una reforma fiscal, que eventualmente implique aumentos de impuestos, que pudiera entrar en vigor el mismo año en el que hay elecciones intermedias.

En fin, que más allá de ver que México pasó de panzazo este análisis y de que ciertamente le conviene al gobierno de López Obrador mantener lo más oculto posible este tipo de interacciones de los organismos internacionales, lo cierto es que a este país le conviene tener una buena relación con el FMI, debido a que eventualmente puede ser un salvavidas en caso de complicaciones financieras futuras.

 

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