El conflicto con Irán va a seguir / En opinión de Jorge Miguel Ramírez Pérez

Redacción MXPolítico.-Siempre se desea la paz a la guerra, pero para mantener la paz la experiencia indica que los países que rigen la política mundial deben estar preparados para la guerra. Por esa razón las súper potencias nucleares hoy, son mas de las siete que se reconocían al despuntar el milenio: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, Israel, India y China. En estos tiempos al exclusivo club nuclear habría que sumar a Paquistán que rivaliza con la India, Corea del Norte e Irán, que niega tener un arsenal de esas características.

Estados Unidos desde que finalizó la segunda guerra mundial en 1945 heredó la política makinderiana de Inglaterra, que consideraba a Rusia como eje a vencer en el tablero mundial. El erudito británico Halford Mac kínder sostuvo desde la paz de Versalles al finalizar la primera guerra mundial en 1918, que el Heartland “corazón del mundo” era Rusia, que poseía una posición geopolítica singular e inatacable. 

El poder aéreo y espacial, que se suponía iba a desplazar ese razonamiento, solo generó una competencia en esos espacios y las modificaciones que Estados Unidos, en nombre de la contención, desplegó sobre el anillo en derredor del heartland, trasladó el conflicto geopolítico en todo el contorno de la vieja URSS. De hecho, todas las zonas beligerantes del orbe en los últimos setenta años se ubican en su inmensa mayoría en ese rimland, por ejemplo: los Balcanes, el Medio Oriente, Irán e Irak, Afganistán, Beluchistán, la India, Paquistán, el sudeste asiático un poco mas distante, y las Coreas.

La amplia región de ese anillo de contención tiene como referencia histórica si se quiere, la que se corresponde a las fronteras imperiales del antiguo zar; que hoy el nuevo zar de facto: Vladimir Putin ha reivindicando con bastante éxito en la última década.

Por eso Irán cuando era gobernado por el Sha Reza Pahlevi era un enclave híper estratégico de Estados Unidos que mantenía bajo una doble alianza, la militar amagando a los soviéticos para detener cualquier avance y la de los negocios petroleros, que le permitían sojuzgar a Europa dependiente siempre de hidrocarburos que no podía producir. 

Algunas versiones señalan que Francia, afectada por Estados Unidos desde el conflicto de Suéz, al darle cabida al ayatolá Rulloha Jomeni y la inteligencia rusa socavando la poderosa y temida policía política la Savak, dirigida por el amigo de la infancia del Sha: Hoséin Fardust, fueron elementos sobresalientes de la caída del moderno imperio persa, que dio paso al surgimiento de la república islámica de corte clerical hace ya 40 años.

Por eso los que dirigen sus críticas a lo superficial del conflicto de Estados Unidos con Irán no hacen sino reducir sus comentarios al control del petróleo mundial de parte de Estados Unidos o al simple interés protagónico que dicen se desprende de las acciones de un Trump que busca impactar al electorado.

Claro que en el juego están presentes esos factores pero me parece subordinados a los acuerdos geopolíticos que representan una gama de mayores asuntos en juego, y sobre todo, asuntos que tienen la característica de estar inmersos en la amenaza real de la clase dirigente clerical de Irán, a que se evidencia en sus agresividad sin freno, enmarcada en la postura yihadista que siempre será extrema y violenta contra los que se consideran en el Corán como infieles, los islamistas inconstantes, tibios occidentalizados y a los “cristianos” genéricamente denominados así a todos los habitantes del mundo occidental. 

Ese odio de Irán es triple: contra Estados Unidos, contra Israel y contra Arabia Saudita por ser la entidad islamista más identificada con la rama zuníe rival de la chií o chíita, que es la del ayatolla Khameni y sus huestes fanatizadas.

Donald Trump lo que hace es frenar hasta donde se puede ahora, la escalada de Irán para lograr enriquecer el uranio al 90%, nivel que necesitan para fabricar bombas nucleares, cuando se le había permitido solo menos del 4% con el acuerdo de Obama, y también busca el presidente de EUA, detener el crecimiento del arco chíita con Siria, Irak, el Líbano y Yemen con el que quería Suleimaní constreñir a los sauditas.

Hace dos días Trump le advirtió al ayatola Khameni, que si continua con los discursos incendiarios contra Estados Unido, le puede pasar lo que a Suleimani que después de tres minutos de maldecir a Estados Unidos saliendo del aeropuerto de Bagdad, junto al líder iraquí Muhandis, fue borrado del mapa lo que relató ante simpatizantes y financistas republicanos de Carolina del Norte.

Trump es muy diferente de Barack Obama, quien tenía raíces musulmanas aparte de ser hijo de un islamista, asistió a la primaria pública de país musulmán: Indonesia, intolerante con el cristianismo y con el Occidente; él junto con la señora Clinton tomaron la decisión de comprometerse con los zuníes, para que ellos combatieran a Irán, algo ingenuo. Olvidaron que esta rama del islam, tan violenta como la otra, tenía el antecedente de dinamitar las Torres gemelas de NY, lo que dejaron esos jefes demócratas de lado para prohijar el Estado Islamista, que las inteligencias rusas y algunas occidentales señalaban protegido de los funcionarios mencionados. 

Por eso arde de ira Khameni porque las últimas acciones de Suleimani contra el Estado Islamista fueron despejarle el camino a Estados Unidos, que no se ensució las manos con esos seudo aliados incómodos.

¿Y en ese contexto para que quiere el gobierno mexicano ampliar sus relaciones con los iranís, como señala el Wall Stret Journal?

Se entiende que Peña pudiera haber abierto los nexos diplomáticos con Irán encubiertos en operaciones comerciales, tal vez simuladas de 90 millones de dólares que se cayeron pronto a seis millones; los suspicaces piensan que los ayatolás le pudieron haber ofrecido una estructura de lavado de dinero. 

¿Pero ahora? como que nada se justifica, porque lo que se tiene que pensar es algo bien real: que Irán lo que quiere es tener armas nucleares y usarlas, pensar otra cosa es ingenuo.

Autor:  Jorge Miguel Ramírez Pérez
 
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