Narrativas urbanas: Los olvidados del servicio público / En la opinión de Natalia Hernández

Por Natalia Hernández 

Los pobres de la calle son invisibles en las estadísticas, en la misma calle y en la cotidianidad de la urbe. Actualmente en nuestro país no existe un número exacto de las personas que carecen de un hogar, también llamados indigentes, vagabundo, mendigos, personas en situación de calle o personas sin hogar. La variación del concepto no excluye el carácter genérico de aquellas personas faltas de un techo físico y/o de un hogar, considerado como el espacio social en el que un individuo se siente protegido, por tal motivo, abordar el sinhogarismo no se reduce a la falta de un techo. 

En este sentido, afortunadamente, existen esfuerzos desde la academia y la sociedad civil por visualizar desde distintas disciplinas y enfoques este problema para abordarlo de manera estructural, desde sus causas y no con paliativos de corto alcance. 

El sinhogarismo es un fenómeno social que no sólo aqueja a las personas que viven esta situación directamente, sino que de alguna manera inciden en nuestro día a día, conviven con nosotros en los parques, en los cruceros, en las plazas, en los centros comerciales, en el transporte público, entre otros, por tal motivo son personas que no pueden ser ajenas a nuestra realidad como sociedad y mucho menos a los derechos que les confiere nuestra Constitución.

El estigma y prejuicio moral del resto de la sociedad perjudican sobremanera el desarrollo de las personas sin hogar puesto que, no necesariamente, es una condición de vida que busquen o deseen; claramente, es el resultado de múltiples factores que, en principio, tienen que ver con un entorno familiar descompuesto o poco favorecedor. 

Pero, ¿Cómo es posible atender un problema social de esta magnitud si ni siquiera sabemos cuántos son?, ¿Cuáles han sido las causas que los llevaron a vivir en la calle?, ¿Cuáles son sus necesidades si queremos erradicar la exclusión social en la que se encuentran? 

Uno de los esfuerzos oficiales se recupera en el censo de alojamientos de asistencia social 2015 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en colaboración con el Sistema Nacional para el Desarrollo Social (Indesol), el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y la Red Nacional de Refugios (RNR), en donde se obtuvo que en los 4,701 alojamientos de todo el país, el 96.1% cuentan con población usuaria; el 40% de estos alojamientos atienden a personas con adicciones, un poco más de una quinta parte atiende a adultos mayores y casi en la misma proporción están las casas hogar para menores. 

Específicamente, en la ciudad de México se estima que cerca de 3,739 personas conforman el sector de población en situación de calle, siendo en la delegación Cuauhtémoc la principal concentración. Este grupo social además de ser considerado como uno de los más vulnerables en términos de discriminación y pobreza, también es uno de los 10 grupos prioritarios para la implementación de políticas públicas que garanticen sus derechos humanos.

Los esfuerzos para conocer a mayor profundidad este sector olvidado de la sociedad parecen haberse detenido en el tiempo cuando, el 16 de junio de 2016,en la Gaceta Oficial de la ciudad de México se publicó el Protocolo Interinstitucional de Atención Integral a Personas en Riesgo de Vivir en Calle e Integrantes de las Poblaciones Callejeras en la Ciudad de México.Entre sus principales objetivos era realizar un censo de las personas integrantes de las poblaciones callejeras, asi como un diagnóstico situacional, brigadas de intervención, la detección de los puntos de socialización, así como la promoción y el acceso a servicios sociales.

Es cierto que los niños y jóvenes, así como las personas de la tercera edad, pueden conformar un subgrupo todavía más vulnerable, empero, no se debe de perder de vista que esta condición puede afectar a cualquier persona, de cualquier estrato socioeconómico y de cualquier orientación sexual. 

No obstante, existen pistas muy importantes para su atención puesto que son un común denominador indistinto entre los subgrupos que puedan haber, éstas pistas las conforman los espacios particulares urbanos que favorecen la sobrevivencia en calle, zonas muy específicas en donde se concentran y normalizan su subsistencia alrededor del ambulantaje, la basura, puentes o plazas en donde pernoctan. 

Ahondar en la reflexión y concepción de un espacio público que no fomente la exclusión y que no se vicie de factores que la reproduzcan (bardas, alambrados o detenciones arbitrarias) ha sido el propósito, esperamos poder continuarlo. 
 
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Natalia Hernández es geógrafa egresada del Colegio de Geografía de la UNAM, actualmente es maestrante en Planeación Espacial en el CentroGeo. Ha colaborado en Programas de Investigación para la UNAM, actualmente es investigadora asistente en el CESOP de la Cámara de Diputados. Sus líneas de investigación son: estudios urbanos y de la megalópolis, análisis espacial, pobreza y desigualdad. Correo: h.natalia11@gmail.com Twitter: @o00natalia00o
 
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