Quisicosas: ¿Arrepentirnos de haber echado al PRI? ¿Por qué? / En la opinión de Marcos Marín

Por Marcos Marín Amezcua

Lamentaciones con sabor a lágrimas de cocodrilo desparraman desde lastimeras columnas de opinión que redundan en sus lectores, quienes como tales repitiéndolas de memoria, claman por lamentarse diciendo que los electores de López Obrador estarán arrepentidos al ver su proceder. No los creo arrepentidos, porque la gente que lo votó sabe quién es. Como bien sabían porqué no votar por otro. 

La mal intencionada aseveración de supuesto arrepentimiento, peca de pasarse de lista. Los autores de tales columnas -gente que entendemos que es informada y que lleva años en el medio- son chocantes por sus sabidas preferencias políticas, que no son por López y solo fingen demencia.

¿Es que acaso los electores deben arrepentirse por sumar del 76% que no votó por el PRI, echándolo de la presidencia? ¿es que ya se nos olvidó que el PRI no era opción por así demostrarlo y que situados al 1 de julio, Meade representaba lo que quiso representar en ese momento: continuidad del desastroso sexenio peñista? uno donde los priistas de siempre seguirían hoy encumbrados en caso de haber triunfado. Y del resto de opciones, esas sí estaban para llorar. 

No rebajemos el debate a que Morena es el PRI. Por favor, ponerse a estudiar historia de los partidos políticos en México, antes de aseverar semejante tamaña tontería.

Pues bien ¿es que los electores que en particular votaron por López Obrador, necesitan arrepentirse o los lloriqueos de aquellos columnistas cuyo partido perdió las elecciones? ¿O por el que no lo ganó y lo lloran? dudosamente los necesitan. Y si han de arrepentirse no será por la mala entraña de esos columnistas, sino cuando su leal saber y entender lo mande. Dicho de otra forma: cuando ellos, los electores, lo juzguen conveniente. Así de soberanos que son.

No se puede ser más desmemoriados queriendo olvidarse en su chantaje de que clase de sexenio priista venimos y más mal intencionado es el reproche, porque lo saben perfectamente bien: venimos de uno catastrófico. El peor del PRI, que ya es decir. Arrepentirse sería haberles permitido regresar en 2012. Si se trata de eso.  

Lamentaciones desde las columnas de opinión señalando que los electores se arrepentirán desde ya, del quehacer de López Obrador de manera tan temprana, solo pueden apuntar a que sus autores o no supieron vender mejor al otro candidato de su preferencia, a que no consiguen superar la derrota de tal o peor aún, a tomar por tonto al público. Ese público que es elector y que supo perfectamente bien cuál era la oferta política de 2018 y que por lo tanto, si, por ejemplo, votó por López, sería entre otras cosas, porque los otros sencillamente no supieron articular una mejor propuesta. No hay que darle tantas vueltas. Le hubieran picado las costillas a su candidato para que se aplicara.

Llorar es gratis y el análisis podría dedicarse mejor a algo tan inteligente como desmenuzar las acciones de tal o cual político. López Obrador, por ejemplo. Ya persistir en el chantaje barato como el que esos mismos columnistas desarrollaron antes del 1 de julio, es de malos perdedores y no resignados a la derrota de la opción política de su preferencia, actitud que es de pena ajena, por decir lo menos. Allá ellos.

Tenemos un sexenio por delate y antes que temprano podremos valorar los desempeños que hoy tanto les aquejan sin haber iniciado. Aguardemos pues. Dejémonos de lágrimas de cocodrilo. Más falsas que una moneda de tres pesos. Esas lágrimas efectivas, las hubieran derramado durante el sexenio desastroso del PRI, donde se la pasaron aplaudiendo como focas. Un sexenio que no vemos a qué hora terminará. 

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FOTO: MISAEL VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM

Marcos Marín Amezcua, abogado, conferencista, docente, maestro en Estudios México-Estados Unidos, diplomado en Análisis político y colaborador en espacios de opinión de medios digitales en México y España. Twitter: @marcosmarindice

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.
 
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