AMLO tendrá que olvidarse de amnistiar/ En opinión de Guillermo C. Zetina

Redacción MX Político.- El presidente no tiene más salida que recular en su intento de perdonar, amnistiar o hacerse de la vista gorda ante los que le han partido la boca a este país con la apocalíptica corrupción. Ya sería ocioso recordarle a Amlo que el castigo a los corruptos fue la bandera que más votos le acarreó entre sus 30 millones de bienquerientes; está claro que esas promesas de campaña las está manejando como le conviene, da y quita a placer y no le impide el sueño que le digan que mintió al ofrecer castigo a los malandros.

El tabasqueño no se ha percatado que, ante la historia, ya está situado al lado de los ex presidentes mafiosos y delincuentes que siempre se negaron a castigar la corrupción porque ello significaría hacerse un hara kiri aniquilador. Contra lo esperado no sólo por sus 30 millones de fans sino por la gran mayoría del país, López Obrador nos despertó un día con un “perdón” a los rateros que aún muchos no digerimos y menos aceptamos. Pero así es el poder.

Pero aunque Amlo quiera perdonar, los hechos lo están orillando a castigar. Los sucesos ocurridos en dos meses de gobierno son tan dramáticos, dolorosos y vergonzantes que la historia no perdonará si no se les hace justicia. El caso más escandaloso de la impericia presidencial es sin duda el relacionado con los combustibles. Tanto el desabasto de gasolina y el caos social en numerosas ciudades del país, como la tragedia de Tlahuelilpan, Hidalgo, donde un flamazo no se evitó por parte del gobierno y Pemex, que se perfila ya como el Ayotzinapa de este régimen. Son 128 víctimas inocentes de la negligencia. Tres veces más que los 43 estudiantes normalistas que desaparecieron al instante, como en la chistera de un mago.

Una pregunta que se me viene a la mente: ¿cuál ha sido el papel del sindicato tanto en el desabasto como en las causas de la explosión de Tlahuelilpan o en la compra de cientos de pipas dizque para abatir el problema? Ni una sola mención; ni una palabra, como si el STPRM no existiera. La gran mayoría de estos casos han sido explicados por el propio presidente. Ni la titularde Energía ni el agrodirector de Pemex han tenido las agallas de dar la cara, a no ser por detalles que han dado que a nadie han satisfecho.

En Pemex hay un sindicato, si así se le puede llamar, que en realidad es una gigantesca y maloliente asociación para delinquir. Aunque haya honrosas, muy pocas, excepciones de trabajadores petroleros, el propio gobierno y líderes de la peor calaña fueron creando un aparato de saqueo, exacción contra los empleados y obreros destinado a exprimir a la petrolera y crear fortunas colosales que son asombro del mundo. A Carlos Romero Deschamps, uno de los intocables de Amlo, desde hace 40 años se le ha acusado de practicar el huachicoleo contra su empresa; la más reciente acusación es una fortuna de 150 millones de dólares, algo así como 3 mil millones de pesos, mediante todo tipo de trampas, chicanas y transas al amparo del sindicato. Y con el apoyo oficial.

Por fortuna en el seno del sindicato hay miles de trabajadores honestos que desde siempre han denunciado al bandolero Romero Deschamps y que ahora están decididos a que la cosa esa llamada 4ª. Transformación sea su tumba. Y lo menos que puede hacer el agrodirector de Pemex es jalarse al lado correcto y apoyar a este movimiento que, viéndolo bien, daría lustre al gobierno del tabasqueño, que mucha falta le hace. Una cosa es tener 30 millones de votos de legitimidad y otra es tener casi 70 días de hacer un gobierno de miedo, guasa, ocurrencias e improvisaciones.

Ya López Obrador anunció un apoyo especial a Pemex, para sacarlo de su bancarrota. Léase: millonada para darle oxígeno. Algo así como un Pemexproa. Por supuesto, con dinero del erario. Lo menos que podría hacer el presidente es sacudir el sindicato de tanta inmundicia, llevar ante el juez a Romero Deschamps y fincar ese relanzamiento de Pemex en una planta laboral experimentada pero sin nada qué ver con el actual STPRM. Si lo hace, no habría problema en sus sostuviera a su cuate Octavio como director de la petrolera. No es tan dañino como Romero Deschamps.

Guillermo C. Zetina
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