A empezar de nuevo / En opinión de Ramón Zurita Sahagún

 

Qué lejanos se ven los tiempos en que parecía un insulto para los mexicanos, hablar de la posibilidad de que México se colombianizara. Ahora el insulto sería al revés, ya que en Colombia, historias como las de México, son cosa del pasado que no quieren recordar.

Medellín y Cali, fueron dos ciudades colombianas sitiadas por los cárteles de la droga, donde nacieron los dos más importantes, como Culiacán lo es en México, el inicio de los principales grupos delincuenciales, la simiente de la expansión por todo el país.

Sin duda, la vida da oportunidades y esta ocasión es la idónea para que el gobierno federal inicie la recomposición de su estrategia en la lucha contra la violencia, la inseguridad y el narcotráfico.

Lo ocurrido en Culiacán, Sinaloa, es una extraordinaria lección para entender los errores que se vienen cometiendo en esas tareas y darse cuenta que faltan preparación, estrategia, información, entrenamiento y capacitación, tanto a las fuerzas de seguridad como al propio Ejército y Marina.

Supuestamente, las fuerzas armadas son conformadas por elementos que cuentan con el entrenamiento necesario para responder a este tipo de contingencias y la Guardia Nacional, integrada por miembros del Ejército y de la Policía Federal, con capacitación suficiente para resistir este tipo de embates.

Claro que con lo que no se contaba es que el crimen organizado ya descubrió una estrategia que le funcionó eficazmente y que advierte de un grave riesgo futuro, la de los rehenes civiles y el uso de ellos para el canje.

Lo sucedido en Culiacán no es inédito en la vida activa de México, aunque si el final de la operación. La superioridad de la delincuencia organizada se ha puesto de manifiesto en muchas ocasiones, en las que las fuerzas armadas han sido derrotadas, con mayores bajas que la de los grupos delincuenciales teniendo que abortar operaciones. Incluso le ha sido derribado equipo aéreo.

En diversas ciudades del país, se han desatado refriegas parecidas a la de Culiacán, especialmente en Tamaulipas, con mayor número de víctimas, con balaceras de horas.

Contrario a lo que se espera, los grupos delincuenciales han mostrado mayor capacidad de reacción, organización, además de contar con mejor equipo y armamento que el del propio gobierno.

Lo visto en las tan difundidas serie de narcos, se presenta en la vida real (de allí se copian), con enfrentamientos en las calles, entre fuerzas de seguridad (incluido el Ejército) y sicarios, donde se disparan cientos de miles de balas, aunque por fortuna, su mala puntería evita mayores muertes.

Hace poco en una de esas series, el jefe de los narcos rodea la casa en la que se encuentran las fuerzas públicas, pide hablar con el jefe y le explica que sus fuerzas son infinitamente superiores, por lo que exige un canje, le entreguen a su familiar detenido, el que sería suplantado por alguien muy parecido físicamente y de esa forma se logró contener una posible masacre.

Ojalá que no sigan fluyendo ideas de esas series.

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Se espera que rueden cabezas por los hechos del jueves pasado, pero nadie parece inmutarse y de los daños colaterales, ya afectó al director del penal del que escaparon 50 reos. Eduardo Antonio Bailleres, fue cesado, aunque ninguno de los altos mandos del operativo fallido lo ha sido.

Todavía falta se aclaren muchos puntos.

 

Email: ramonzurita44@hotmail.com

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