¿Por qué no Caen los Gobernantes Corruptos? / En opinión de Rafael Navarro

La teología cristiana señala que el mentir pertenece al campo de Satanás, a quien Jesús llama “el padre de la mentira”. Uno de los diez mandamientos de la ley de Moisés señala: “no levantarás falso testimonio contra tu prójimo”; la premisa sale sobrando en un mundo marcado por doble moral y por la enfermiza costumbre de engañar y no apegarse a la verdad.

La mentira se ha institucionalizado como un modelo de vida. Si las verdades periodísticas que se publican diariamente fueron en realidad verdades, muchos gobernantes y políticos deberían de estar de patitas en la calle o en prisión; en México no pasa nada.

La frase adjudicada a Manuel Bartlett es más que significativa en un México como el nuestro: “aunque el calzón esté lleno de confeti, tu sostén que no fuiste a la fiesta”.

En la frontera norte no es la excepción. La premisa es más que evidente cuando se trata de medios de comunicación que un día sí y otro también, operan bajo la consigna, patronal o personal (del reportero), de estar diciendo la verdad o levantando falsos para la obtención de una prebenda gubernamental.

Las “buenas notas periodísticas”, los “buenos análisis”, son aquellos que denuncian “algo” que es trascendente para los mexicanos y, por lo mismo, cobra notoriedad en la llamada opinión pública o millones de cibernautas que se interesan en el tema.

Gracias a esas notas periodísticas, en México, los expresidentes tienen su adjetivo propio: Carlos Salinas, es un ladrón incorregible; Vicente Fox, un vulgar mandilón y tonto; Enrique Peña Nieto, un corrupto y enamorado…además escaso de la mente; Felipe Calderón, un borrachín de postín.

Y no se diga del actual presidente de México; sobran los adjetivos en una guerra donde el mandatario no se queda callado y responde con singulares frases que se convierten rápido en hashtag y en infinidad de memes.

Acá por el norte la situación es muy parecida. La virtuosa política convirtió a José Reyes Baeza en el gobernador conocido como “el huevos tibios”, por el temor a actuar en temas torales de la entidad; César Duarte en el vulgar ladrón; ¿Y del actual?, ni se diga. El grueso de la población lo concibe como incapaz y huevón.

LA GUERRA ABIERTA DE JAVIER CORRAL

Innecesariamente, Javier Corral, sostiene una guerra abierta contra algunos medios de comunicación en el Estado de Chihuahua y el centro del país. Desde el arranque de su administración decidió que su gobierno se haría cargo de la política de comunicación social como un proyecto institucional para generar “ahorros” y evitar la escandalosa e “inmoral inversión” dirigía a los medios en los tiempos de César Duarte.

Conociendo a la prensa, me queda muy claro que el concepto de “ahorro” era más bien un abierto “castigo” a los detractores periodísticos del mandatario que llegó al poder contra todo pronóstico, pues las encuestas nunca le favorecieron.

“El huevón de palacio”, como le llaman en Chihuahua, ganó por la campaña fresca, valiente y decidida contra el “ladrón de palacio”, el César Duarte al que le adjudican fiestas privadas con ostentosos y vergonzosos disfraces. La simpatía hacia Corral estaba ganada, solo faltaba gobernar bien y emprender políticas inteligentes y bien estructuradas.

De todos es sabido que los medios de comunicación ‘premian’ y ‘castigan’ a los gobiernos en base a los acuerdos económicos que existen de por medio.

A una persona simple, ingenua o idealista, no le queda claro como un gobernante puede recibir elogios cuando la entidad o el municipio que gobierna están en ruinas. Y solo se explica al calor de los recursos económicos que se entregan a los propietarios de esos medios para callarlos y evitar la dura crítica.

Toda la carga periodística está contra Javier Corral Jurado, en su cargo como gobernador. La cadena de los diarios propiedad de Osvaldo Rodríguez Borunda, es implacable, solo contra el gobernador del Estado, pero no ocurre lo mismo en el caso de Maru Campos, presidenta municipal de Chihuahua, o en el caso de Armando Cabada, quien gobierna Ciudad Juárez o el también alcalde independiente de Parral, Alfredo “El Caballo” Lozoya que son pésimos gobernantes y mantienen sus respectivas ciudades en el descuido total.

Nadie se explica como una ciudad, convertida en muladar, llena de baches, sin mantenimiento público, convertida en una cantina gigante o centro de espectáculos, todo ello auspiciado por los gustos personales y negocios del alcalde Cabada, no reciba una sola mención de la prensa juarense.

Una ciudad oscura, castigada por la ambición del alcalde por tener un sistema de luminarias costosísimo, aparentemente para beneficiarse de la inversión, pase como una metrópoli modelo.

Todo lo que hace el municipio es elogiado por la prensa “arreglada” y no hay crítica alguna, ni reacción al pésimo y corrupto gobierno que encabeza.

Y sucede lo mismo en Chihuahua, una tierra sin ley donde, al igual que Juárez, los muertos abundan en las calles y la policía es igual de inepta que en la frontera. La alcaldesa vive una vida parecida a la de Lady Di y en cuya imagen recae en este momento la posibilidad de ser la perfecta sucesora de Corral, además las encuestas así lo dicen.

Las denuncias de corrupción contra los gobernantes nunca prosperan. El nepotismo de la 4T en el Estado de Chihuahua, con el super delegado, Juan Carlos Loera y sus amigos, ha quedado como la burla y el escarnio para el viejito parlanchín que vive y despacha desde Palacio Nacional.

Y entonces nos levantamos todos los días en una entidad donde pasan muchas cosas, pero gracias a la prensa, no pasa nada.

mcimexico.usa@gmail.com

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