Peregrinos inician travesía hacia Juquila

Redacción MX Político

Al igual que Carlos, Jorge, Víctor, Patsy, David , Tello y Andrés, miles de peregrinos de diferentes partes de Oaxaca y del país, recorren el camino que los lleva al santuario de la Virgen de Juquila.

La fiesta es el ocho de diciembre y conforme se acerca la fecha, se incrementa el número de fieles católicos que viajan para agradecer favores recibidos, pagar mandas o pedir ayuda divina.

De madrugada, con la luz de sus lámparas, bajo el manto de estrellas y una tímida luna, los aventureros andan por caminos anchos de terracería para cruzar los pueblos de Valles Centrales, como  Zaachila, Zimatlán, Valdeflores, hasta llegar a Santa Cruz Nexila, donde pernoctan.

En el trayecto aparecen las primeras ampollas y el dolor de piernas.

“No aguanto”- dice Miguel, un joven que carga un cuadro con la imagen de Cristo. Su amigo Ramiro lo impulsa: “¡Anda!, ¡vamos!, ¡tú puedes! Ya estamos cerca”.

Después de un baño a jicarazos con agua fría, colocan sus cobijas o bolsas de dormir en un corredor que les alquilan en 25 pesos por persona. Zonas como la cancha municipal, el corredor del palacio y los campamentos que fueron habilitados, se encuentran saturados de peregrinos.

 Jaime Rodríguez Orozco

El primer ascenso es el Cerro del Obispo.  FOTO: Jaime Rodríguez Orozco 

Ante es de descansar, los caminantes pasan una aguja con un hilo en sus ampollas, para que estas drenen; luego se untan pomada en las piernas y toman antiinflamatorios.

La noche es corta para los que pueden conciliar el sueño y larga para quienes escuchan hasta el andar de las hormigas.

Caminar entre montañas

A las tres de la mañana, mientras se escuchan las canciones para la Virgen de Juquila, los peregrinos levantan su “cama” y se apresuran para continuar el viaje.

Aunque el frío lastima, cada paso que dan les ayuda a que sus piernas entren en calor.

Al llegar a El Vado, los peregrinos se toman un café caliente con pan para tomar fuerzas, pues inician los ascensos. El primero es el Cerro del Obispo.

Cerca de las seis de la mañana, el sol se asoma en las montañas y los andantes comienzan a sudar por el esfuerzo. A la mitad de ascenso logran obtener señal telefónica y comunicarse con sus familiares, mientras disfrutan de la vista: los Valles Centrales cubiertos por una ligera neblina.

Es en ese momento cuando brotan las primeras lágrimas impulsadas por el esfuerzo y el recuerdo de los seres amados.

Durante la noche pernoctan en corredores.  FOTO: Jaime Rodríguez Orozco

Luego, descienden hacia Sola de Vega por una vereda rodeada de árboles, mientras que al paso los pobladores les ofertan café, mezcal, cervezas y bebidas energéticas, además de alimentos.

Hay algunos lugareños, como la familia de Ángel y Jonathan -de dos y seis años de edad-, que obsequian agua embotellada a los viajeros de fe.

“Tenemos diez años regalando agua. Es nuestra manera de pagar los favores recibidos de la Virgen de Juquila”, afirman.

PIEDRA DE LA MUJER PREÑADA

Uno de los lugares místicos del camino, es el paraje de la Piedra de la Mujer Preñada, ubicada antes de llegar  a La Cumbre, donde un hilito de agua se asoma por una piedra. 

Ahí se pueden encontrar cruces, ultrasonidos, fotos de bebés y testimonios de mujeres que no podían concebir y lo lograron después de tomar el agua.

De ahí, los peregrinos llegan  a El Pocito, lugar donde se apareció la Virgen; colocan veladoras, rezan y se bañan en el río, pues aseguran que el agua tiene poderes curativos. Incluso, compran ánforas para llevar agua y hacen un alto para pasar la noche.

En el camino de la fe no existen clases sociales, todos son peregrinos y se ayudan para llegar a su destino. Al día siguiente, la jornada es larga, pues deben llegar a Santa María Yolotepec.

Peregrinos de todo el país llegan en estas fechas a visitar a la Virgen de Juquila.  FOTO: Jaime Rodríguez Orozco

Para ello tienen que cruzar varias veces un río durante la fría madrugada, hasta  llegar a la carretera y al lugar conocido como Los Morales. Ahí toman un respiro y una taza de café con pan.

Luego, siguen su viaje, con la luz del día que les permite ver arroyos secos y ríos con muy poca agua. “No llovió mucho, los ríos  están casi secos”, dice Epigmenio, campesino que riega su cultivo, ubicado antes de llegar a Los Limones.

Aún falta camino y Carlos comienza a quejarse del dolor de cadera, pero continúa, un poco más lento, pero con más fe. “La Virgen no se va a mover, así que no importa qué tan rápido o lento vayas”, reflexiona.

Al arribar Juchatengo, al mediodía, el sol pega duro. Los peregrinos aprovechan para refrescarse en el río antes de recorrer más de mil metros de ascenso para llegar a Plan de Minas, donde comen y luego siguen su camino hacia Yolotepec.

LA ÚLTIMA PARADA

Es el día más frío. Duele todo, hasta las pestañas. El camino de tres kilómetros para llegar a Mesitas es empinado, como subir escalones.

En esta etapa, la mayoría ayuna y va en silencio. Son casi 20 kilómetros, pero hay que recorrerlos sobre pavimento, porque El Pedimento está resguardado por la Policía Estatal y la Guardia Nacional. Es una peregrinación atípica. Los puestos destruidos y el ambiente tenso se respira en dicho santuario.

Las piedras se clavan como agujas, las rodillas resienten las pisadas y aparecen nuevos dolores. Andrés sufrió todo el camino de ampollas, pero aprieta el paso al ver que ya casi está en Juquila.

Después de caminar más de tres horas, al fin llegan. Pasan entre los puestos de imágenes y recuerdos religiosos, para arribar a la explanada de la iglesia, donde se abrazan entre ellos y entran a misa.

Los peregrinos cumplieron su misión y se comprometen a regresar el próximo año para agradecer y pedir favores a la Virgen de Juquila.

 
 

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